Radio Garden: transmitiendo desde todas partes

Durante la hegemonía de la televisión, misma que se extendió por más de medio siglo, la radio fue expulsada hasta los bordes de la comunicación de masas. Homo videns podía deleitarse ya con tecnicolor, subordinar la escucha a la imagen en movimiento, sentarse como estatua en un sofá. Pero, ¿los espacios periféricos son residuos o barricadas contra la centralidad? Guardo el recuerdo de mi padre, mi padre que siempre ha desvelado a la madrugada con café. Igual era el primero en despertarse. Cuatro horas bastaban. Tocaba la puerta del cuarto con los nudillos y, mientras nos íbamos descamorrando, muy lentamente surgían las voces de Tres Patines y Aníbal del Mar tallándose contra las gotas de la regadera. Era como el reverso del sueño. La Tremenda Corte, Gutiérrez Bibó, el fin de la infancia, los albores del neoliberalismo. La radio siempre nos permitió hacer varias cosas a la vez, al menos más de una cosa. La escucha como acto de simultaneidad. La radio como vértice del capitalismo, en su tiempo. ¿Su tiempo? Imagina a un ingeniero de audio enchufado a un manantial de luz. Imagina a un obrero que le da mantenimiento a las antenas. Imagina a todos los hombres modernos reunidos en torno a un fonógrafo roto. Piensa ahora en las estaciones de radio que se estaban extinguiendo, como sonidos, igual que cualquiera de los sonidos extintos que transmitieron. La frecuencia modulada, la banda ancha. El período de entreguerras. La guerra que nunca termina. En el pecho de un soldado muerto yace un signo. En el pecho de un campesino herido guardo una semilla. En el pecho de una mano hubo una montaña sin nombre. Internet es la fosa común de los datos, pero también es un túnel. La radio fue expulsada mas nunca enterrada tan hondo. Los túneles han socavado los suelos hasta crear vínculo entre periferias distantes. Quedaban las semillas de la radio que es una fruta partida. La mesa está puesta.

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Enrique Milpa (@rizomarx)

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