Una lucha contra la privatización de la información, la historia de Aaron Swartz

La información es poder. Pero como todo poder, hay quienes quieren mantenerlo para sí mismos.

Aaron Swartz

A cinco años de la muerte de Aaron Swartz, comparto el documental sobre la historia de su vida. Considerado un genio desde pequeño, fue programador, escritor y activista de Internet. Su ideología pretendía liberar el conocimiento para todos,  accedió y descargo información de la base de datos JSTOR en el MIT siendo acusado de compartir esta información, la cual esta protegida por derechos de autor, en portales de internet. Lamentablemente las políticas gubernamentales las cuales determinan a qué tipo de información se tiene derecho (privatización de la información), vertieron todo su poder judicial sobre Aaron para dar así, una lección a todos los que intentaran distribuir y liberar el conocimiento o cualquier tipo de información que afecte económica y políticamente los intereses de las grandes empresas o de los mismos gobiernos.

 

 

 

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¿Quién es dueño de qué?

Nudo

Fotografía: Enrique Milpa (@rizomarx)

Ahora toca hablar de las inconsecuencias conceptuales de la propiedad. Lanzar saetas y dejarlas volver a la misma tierra que las vio nacer, previo al tiraje de los mares. Hoy toca encender el horno. Hablar acerca del sinsentido de la propiedad pero no en términos jurídicos ni morales, sino desde y a partir de la termodinámica del ser. Todo es, a su manera, todo va hacia: eso es algo que he recordado viendo los paisajes y platicando. Célebre por aquella ley de las transformaciones donde nada se crea ni destruye, la termodinámica, a su vez, establece que la entropía es la estadística del desorden (eventualmente, del último desorden antes del reposo universal). Las caguamas no se recomponen al estrellarse contra el piso sencillamente porque es improbable que eso ocurra. Es más probable que se hagan pedazos, que su estructura fundamental sea perturbada por el caos.  Los trozos de cristal podrán adquirir cierta autonomía pero, pese a la marca de su amputación, seguirán remitiendo a la totalidad ambarina de la que provienen. Hay algo de nostálgico en una caguama rota. Así, el régimen de propiedad pretende pulverizar el mundo en esquirlas omitiendo que, no obstante, tales astillas de mundo seguirán refiriendo siempre al vacío. El collar de Indra contiene la imagen del infinito en cada una de sus perlas, igual que los fractales se multiplican en su autorreferencia. La realidad está interpenetrada de sí.

Se puede hablar de la propiedad de manera desapropiada (suponer, por ejemplo, que esto es mío tuyo suyo o nuestro). Muy a menudo hablamos de manera desapropiada sobre la propiedad, hay algo funcional en ello. Casi siempre hablamos desapropiadamente sobre cualquier cosa, suponemos que existen fronteras estables entre yo lo otro  algo  todo aquí y entonces. Se puede vivir hablando desapropiadamente, no pasa nada, incluso se puede actuar desapropiadamente. Ya ves que los sistemas sociales, aunque abrumadoramente fácticos, gravitan en torno a un sol desapropiado. La propiedad privada es un artefacto jurídico-político de posesiones y desposesiones sustentado en un bucle de territorialidades imaginarias. Su verdad depende de un aparato coercitivo y de la autoridad del pasado. La propiedad es exterior a la cosa, igual que lo que se dice de algo se dice desde afuera. Lo importante es que también podemos (re)apropiarnos del significado de lo que decimos para decir algo semejante a lo que queremos decir. Hacemos lo que podemos.

Si afirmas algo a título personal, recuerda que has condensado, a lo sumo, una síntesis de lo que dijeron tus predecesores. En ello radica lo verdaderamente genuino y nuestra potencia creadora. Todo lo demás es repetición, afortunadamente. Si un contrato señala que eres propietario de algo, recuerda que no hay propiedades absolutas. Acaso hay propiedades transitorias. En última instancia, da lo mismo poseer que ser propietario de algo. Entre la tenencia y la potestad yace un inmenso desierto, pese a que sus bordes estén en contacto. Se puede cruzar el desierto guardando un buche de agua en la boca. Se puede perderse en el desierto, se puede morir.

Aquí vendría bien la siguiente acotación: al clasificar los bienes, los economistas clásicos ponen el acento en la rivalidad. Los bienes privados, nos dicen, son los bienes entre los que se verifica mayor rivalidad. La rivalidad depende del congestionamiento que puede surgir en torno al uso o goce de un bien, como si dicho uso o goce viniese dado en la medida en que los demás dejen de disfrutarlo. La economía solidaria, por el contrario, se esfuerza por realizar una contabilidad global del beneficio, donde, entre más resonancia tenga el uso y goce de un bien, mayor será el disfrute individual. La economía ecológica, además, integra los costes ambientales. Pero la economía no son cuentas. Economía es, ante todo, sustento.

Una vez estaba con C en los márgenes de Tula (no Tula la Refinada, sino Tula la Atlántica). A la sombra de un mezquite platicábamos de cómo, al introducir una porción del mundo en el cuerpo, suceden transformaciones. Pensábamos primero en el alimento. Nos preguntábamos si las moléculas de las plantas podían detonar causalmente ideas específicas, igual que un fruto cocido sacude todo el planeta cuando se cae. Y entonces nos costaba trabajo identificar los contornos de las ideas y de los frutos y de los cuerpos. Ahora nos importaban más los indicios, los procesos. Empezábamos a hablar apropiadamente.

Me gusta pensar que mientras ocurre la puesta en escena del teatro humano, independientemente de su desenlace, lo que perdura es la eterna danza electrónica. Intercambios de electrones. Descargas en los campos. Enlaces químicos. Agitación de la materia. Ahora hago el esfuerzo para imaginar los flujos de los aconteceres, la poca capacidad que tenemos para fijarnos a un sitio determinado. Quiero vernos deshojando, como leprosos que van cayéndose a pedazos, asimilar lo que nos aparezca en el camino. Quiero vernos transbordando, ni viniendo de ni yendo hacia, rabiosamente nómadas.

Hasta aquí he tirado saetas abstractas pero quisiera cerrar con un ejemplo más maleable acerca del sinsentido de la propiedad. Hemos oído de tantos casos aberrantes de despojo de saberes que no sorprende que, tanto corporativos como individuos, clamen ser propietarios intelectuales como si las patentes surgieran desde cero. Se jactan de haber inventado una idea y quieren retener la plusvalía que genere aunque omitiendo la colosal deuda cultural en la que se han montado. Demandan que se les reconozca el derecho sobre una obra que aglutina procedimientos preexsitentes y procesos físicos y bioquímicos sin los que sería imposible. Desde Fender hasta Katy Perry, la industria cultural nos ofrece interesantes ejemplos de las contradicciones del capitalismo. ¿Quién inventó el sonido? ¿Quién el ritmo? ¿Quién los géneros musicales? Cualquier aparato eléctrico, por más sofisticado que sea, depende de un complejo sistema de flujos de energía desde el que podríamos remontarnos hasta la domesticación del fuego y de las fuerzas hidráulicas. Los instrumentos análogos tienen una historia tan o más antigua. Para que la letra de una canción tenga sentido primero debe haber verbo, alfabetos, lenguaje, comunicación. ¿A quién atribuírselos? ¿Quién inventó los rituales asociados a la danza y a la música? Ni siquiera el mercado se salva al momento de remontar su genealogía.

Antes que creadores fuimos criaturas, no lo olvides jamás. De hecho, seguiremos siendo creados, todo el tiempo, a perpetuidad. Y no sólo eso: antes que ser propietarios, pertenecemos. Cuando te digan que algo es suyo, no les creas. Cuando te preguntes qué es de quién, guarda silencio, deja que los contornos se agiten en un silencio estrepitoso.

Enrique Milpa (@rizomarx)

“Software libre: Herramienta alternativa para la creación visual digital,” tesis de Irene Soria Guzmán.

Aunque pronto compartiré un texto de Irene Soria Guzmán, así como de Cinthya García Leyva, por el momento invito a revisar la tesis, escrita por la primera, para la Maestría en Artes Visuales de la UNAM.

Su idea me lleva a la reflexión sobre cómo dentro del saber académico emerge un movimiento que, cada vez más, se aproxima al uso y reproducción de la ideología del software libre aplicado en diversos ámbitos. Con este empuje, quizá llegue el día en que la universidad misma abra sus puertas a todas las personas y que se produzca, entonces sí, un saber que incorpore a todos los universos y galaxias de las prácticas del saber humano.

A continuación les dejo el prólogo de la tesis para que se produzca una sensación, una exaltación, del deseo por seguir su lectura. Este fragmento tiene puntos que podrían detonar una serie de ricas discusiones, y análisis, sobre los procesos que siguen las personas cuando se aproximan al software libre y su ideología. No diré más y disfruten la lectura.

Esta investigación responde a algunas inquietudes que se generaron en mí a raíz de un taller que cursé en agosto del 2006 en el Laboratorio Arte Alameda. El taller se titulaba: Tecnología y Auto-promoción, Medios Electrónicos para Promover el Arte, las Humanidades y las Organizaciones Civiles (MEPART), que fue impartido por José Serralde. Ahí tuve mi primer acercamiento con el Software y la Cultura Libre y comenzaron mis reflexiones sobre la responsabilidad como creadores, dentro de una sociedad con un flujo de información que nos rebasa, con cambios y evoluciones constantes.

Para entonces aún no utilizaba de manera directa programas de edición de imágenes o de vectores que fuesen libres, pero conocía de la existencia de Gimp y de Inkscape como homólogos de Photoshop© y de lllustrator© respectivamente y comenzaba a conocer sus características, sin embargo, nunca me atreví a usarlas por completo.

No fue sino hasta el 2009 cuando fui parte de un proyecto para la Organización Paramericana de la Salud, que consistió en la elaboración de un interactivo para mostrar los datos de salud recolectados en Chiapas en el año 2007. Yo me encargué de realizar el diseño. El líder del proyecto pidió al equipo creativo que trabajáramos las propuestas con software libre, debido a la naturaleza de difusión que tendría el interactivo, para evitar la compra de licencias y para que la información tuviera la apertura suficiente para quien la consultara sin que corriera con la suerte de permanecer codificada de modo casi secreto y evitar que sólo ciertas aplicaciones lo puedan leer y permitir su consulta, como sería el caso de haber utilizado Flash, por ejemplo.

Utilicé por primera vez Inkscape y elaboré mi primer diseño íntegramente en este programa. El proyecto cumplió las expectativas y me probó por primera vez, que podía realizar un diseño con herramientas libres y cumplir con el mercado laboral.

Con la posibilidad de usar una herramienta distinta a la que estaba acostumbrada y la  dificuitad que me representó migrar de software privativo a software libre, comenzaron las reflexiones acerca de la manera en la que yo, como creadora gráfica digital estaba acostumbrada a generar una obra. Comencé a cuestionarme respecto al concepto de “herramienta” y hasta qué punto ésta es nuestra y hasta cual otro, somos dependientes de ella. Me formulé algunas preguntas que en gran parte dieron origen a esta tesis: ¿Soy capaz de generar un diseño y/o una obra con una herramienta distinta al Photoshop©, al lllustrator© y al Indesign©? ¿Soy capaz de crear un objeto cultural digital sin depender de una sola marca de herramienta digital? El hecho de usar una copia no autorizada del software en mi quehacer profesional, ¿introduce a mi profesión en una práctica inmersa en la ilegalidad?, ¿debemos, profesionales del diseño y arte digital, cuestionar el tipo de herramientas digitales que usamos para crear?.

En Mayo del 2009 decidí aplicar para el ingreso a la Maestría de Artes Visuales en la Academia de San Carlos, con el tema del software libre como herramienta para la creación en el diseño y el arte, como una oportunidad para desarrollar y aclarar estas y otras inquietudes que había venido formulando a lo largo de 3 años y que al final, desembocaron en el desarrollo de esta tesis. Al mismo tiempo, migré por completo a software libre, uso una versión libre de GNU/Linux como sistema operativo e Inkscape, Gimp y Scribus principalmente para llevar a cabo todo mi trabajo profesional.

Sirva pues, este trabajo de investigación para documentar la experiencia y como iniciativa para el análisis de la relación creador visual digital y software.

Les dejo también el link al blog de Irene, así como a su cuenta de Twitter.

Luther Blissett: un colectivo de arte libre…

En 1994, cientos de artistas europeos, activistas y bromistas adoptaron y compartieron la misma identidad. Se llamaron Luther Blissett y se propusieron la emergencia de un infierno dentro de la industria cultural. Fue un plan de cinco años. Trabajaron juntxs para contar al mundo una gran historia, para crear una leyenda, para dar nacimiento a un nuevo tipo de héroe popular.

Llegué a este colectivo por la producción de un peculiar álbum que hace colaborar al mismísimo Merzbow, quien ha dicho que el pop es lo más noise para él, junto a una cantante alemana, precisamente de pop, llamada Ladybird. Dicha producción se llama Balance y fue editada en 1997. Su propuesta sugiere que es el primer CD triple contenido en un solo CD. ¿Por qué? Debido a que en uno de los canales se escucha la obra de Merzbow, mientras que en el otro se escucha la obra de Ladybird, así que podemos elegir entre escuchar solo al primero o a la segunda, o bien, escuchar ambos canales al mismo tiempo.

No puedo dejar de ver en esta propuesta de Luther Blissett una broma, una provocación, o un gesto sarcástico hacia el pop y hacia la música noise. Me pregunto qué pensará Merzbow de tal cosa, o qué pensará Ladybird. En todo caso, me parece una obra bellísima que, más allá de su eje conceptual, ofrece una nueva forma de escuchar y de conmoverse ante ambas propuestas musicales.

Por otro lado, Luther Bissett hizo un álbum invitando a todo tipo de artistas que trabajasen con sonido a enviar piezas para un compendio como punto final de la actividad del colectivo:

DA CLICK AQUÍ PARA IR AL SITIO DONDE ESTÁ EL ÁLBUM.

Creo que el trabajo de este colectivo es muy interesante y se presta a reflexiones diversas sobre la colaboración, la lucha contra el stablishment del arte y demás cosas que dialogamos en Armstrong…

¡Abrazo!

No Copyright for situations whose activity is explicitly oriented to take relations, pleasures, loves, wealth, ideas and styles out of the ideological rule of capital. RECLAIM!

[No al Copyright para aquellas situaciones cuya actividad esta explícitamente orientada a colocar a las relaciones, a los placeres, a los amores, a la abundancia o a la prosperidad, a las ideas y a los estilos, fuera de la regla ideológica del capital. ¡RECLAMA!]

¡¡¡¡DA CLICK AQUÍ PARA IR AL SITIO DE LUTHER BLISSETT!!!!

¿Tu comida y el copyright?

Si sois una de esas personas que antes de comer en un restaurante acostumbra a sacarle fotos a la comida de vuestro plato para compartirla en redes sociales bajo hashtags como #FoodPorn o #Instafood, tened cuidado si viajáis a Alemania, porque tal y como han informado medios locales como Die Welt podríais estar realizando una violación del copyright.

Así es, ahora la comida también tiene copyright, al parecer todas las necesidades humanas se incorporaran poco a poco al cobro de derechos, convirtiendo las experiencias colectivas en individuales, en una persecución paranoca…

En cualquier caso, según un post del blog de servicios legales Anwalt.de no todos los tipos de comida tienen derechos de copyright, sino sólo aquellas cuya presentación ha sido cuidadosamente diseñada. Por lo tanto, si vivís en tierras germanas no habrá peligro si le sacáis una foto a una hamburguesa del McDonnalds, pero posiblemente sí si lo hacéis en un restaurante de lujo.

De momento no se ha registrado ningún caso de denuncia ni ningún otro tipo de polémica relacionada con esta ley, pero teniendo en cuenta la creciente tendencia de compartir comida en las redes sociales sólo es cuestión de tiempo que empiecen a darse, sobre todo si esa norma acabase exportándose a algún otro país de la Unión Europea.

Como usuario de Instagram que de vez en cuando ha subido fotos de comida, creo que el hacerlo hace más bien que mal a un restaurante al estar promocionándolo entre mis contactos, pero por si acaso tendré cuidado por si voy a cenar a algún restaurante con estrellas Michelín (en mis sueños) la próxima vez que visite Alemania. ¿A vosotros qué os parece, estáis a favor o en contra de la moda de sacarle fotos a la comida?

Algunas zonas de Europa huelen a su próxima desolación, a sus cada vez más cercanas ideas de autoritarismo y discriminación. En fin, habrá que darle puerilidad a ese mundo viejo, como diría Gasset…

¡DA CLICK AQUÍ PARA IR A LA NOTA COMPLETA!