La jirafa en llamas o mamá ¿por qué quiero ser creativo y socialmente responsable?

Un texto de Guapodfde8bits.

No-Grupo-4

Queridos todos.

Al escuchar a algunos de los distintos colectivos de música experimental que existen en la Ciudad de México, siempre he pensado que en su sonido (música) existe un fuerte olor a la música experimental de la década de los sesentas. Esto no es necesariamente malo, ¡qué bueno que estemos asimilando o revisitando esos tiempos! Los sesentas fueron una década de parte aguas y de nuevos paradigmas socioculturales, fue una época de grandes cambios en todos los aspectos de la vida del hombre, por supuesto las artes y específicamente la música, ya sea popular o “culta”, no fueron la excepción. Quizá el legado de los sesentas no se ha superado, lo bueno y lo malo, la preocupación y el interés social, el deseo de ser vanguardistas con cualquier cosa que impacte, ya sea a nuestros ojos o nuestros oídos y además, al igual que en los sesentas, nos enfrentamos a nuevos medios de comunicación (la televisión y las redes sociales respectivamente), guerras que se prolongan (la guerra fría y las guerras en medio oriente respectivamente) y conflictos que sacan a las calles a varios sectores de la población. Estos y muchos otros aspectos son los que quizá le dan a nuestro tiempo ese sabor a los sesentas. En esta segunda década del siglo XXI los colectivos encargados de hacer arte están por todas partes. ¿Por qué los artistas, generalmente provenientes de la academia tradicional, seguimos con la necesidad impetuosa de aglutinar nuestras almas, quizá desorientadas, en eso que llamamos colectivos, justo como en los sesentas? ¿Es el eterno retorno del arte? Este síndrome no es de nuestra época ni tampoco es una idea sesentera. Consciente o inconscientemente los artistas de los sesentas estaban siguiendo el mismo camino que habían comenzado los estridentistas en los alocados años veinte , es decir, aglutinarse en grupos interdisciplinarios. El eterno retorno. La música o la sonoridad estridentista estaba muy ligada a la estética del futurismo, según deja ver Maples Arce (quien lanzó el manifiesto estridentista) en un artículo titulado Jazz=XY. En las reuniones de este grupo había literatura, artes plásticas y música. Los jóvenes artistas de este tiempo tenían entonces la necesidad de destruir a los dioses estéticos impuestos por el tradicionalismo, querían revolución artística y al igual que las revoluciones armadas de esos tiempos, querían que su revolución llegara a todos los rincones del país. Amaban la tecnología de su tiempo, quizá porque podría ayudarles a conseguir este propósito. Quizá por eso deberían estar juntos. Su movimiento no solamente era sobre estética, su movimiento era social, querían descentralizar la cultura, llevar la idiosincrasia del pequeño poblado a la gran ciudad y viceversa, eran folcloristas y querían ser universales, por eso debían estar juntos. El eterno retorno. Curiosamente, Arce tenía el apoyo del gobierno de Veracruz y fue nombrado secretario de gobierno. Así, su movimiento tendría una sede y la llamaron Estridentópolis. Esto hizo que el estado de Veracruz estuviera al nivel cultural de la Ciudad de México, un pequeño paso hacia la universalidad. Desafortunadamente el gobierno convirtió el folclor artístico y social en un nacionalismo creado para justificar la existencia del gobierno revolucionario institucional desde un punto de vista histórico. Quizá no haya peor cosa que un nacionalismo impuesto por un gobierno que traicionó el sacrificio de todo un pueblo. El arte al igual que todo lo demás se fraccionó en instituciones monolíticas. Desafortunadamente ese nacionalismo paga y te da de comer, además de hacerte famoso, por supuesto hubo algunos artistas que quizá intentaron sacudirse ese síndrome del nacionalismo postrevolucionario, como por ejemplo David Alfaro Siqueiros. Ahora bien, la década de los sesentas tiene muchas aristas políticas, sociales y por supuesto artísticas. Por un lado creo que están los artistas que querían romper con la academia, justo como en los veintes y por el otro los artistas que querían romper con el estatus quo social, o por lo menos, utilizaron el arte como trinchera social. El eterno retorno. Los primeros prestaron atención a temas o fenómenos cotidianos, es decir, realmente cotidianos, que están siempre ahí y no se les pone mucha atención. ¿Por qué hacer hincapié en esto?. La guerra, el hambre, la desigualdad social, etc. siempre han sido temas cotidianos y en los sesentas estaban bastante presentes. Pero al parecer ningún artista de ruptura de esta década proveniente de la academia se intereso en desarrollar en sus obras estos temas, prefirieron la reproducción de la cultura popular y claro, lo cotidiano, lo cotidiano que podía tener un impacto visual. El resto de los artistas sí se preocupo por estos temas sociales, pero quizá académicamente son los menos recordados, ya sean pintores, escultores o músicos, generalmente no suelen figurar en las historias del arte del siglo XX, cuando quizá fueron los más numerosos. Los artistas de ruptura, una vez más se aglutinan en grupos, como por ejemplo la factoría de Warhol (los más famosos) en Nueva York. Pero existieron grupos que se comprometieron con los movimientos sociales de su época. Como la formación del Taller Popular en Francia, que se dedico a hacer volantes durante los acontecimientos del Mayo Frances, es decir, la gráfica de protesta social. Igualmente en Estados Unidos grupos de carácter político y social se expresaron a partir de la creación de carteles que expresaban la realidad de su tiempo (y probablemente sigue siendo la misma) como los Black Panthers . Todo esto es arte en cuanto que es una representación de la naturaleza, la naturaleza humana. En México, se tuvo una experiencia similar a través del movimiento estudiantil del 68. Aquí los artistas que se encargaron de expresar gráficamente los acontecimientos de ese proceso. A diferencia de otros paises, en México no se aglutinaron en grupos o colectivos como tales, más bien lo hicieron desde la academia, como la Escuela Nacional de Artes Plásticas o la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (La Esmeralda). Hasta la década de los setentas es cuando la idea de los grupos y colectivos es retomada en México, pero en la mayoría de los casos la repercusión o preocupación por aspectos políticos y sociales son fortuitos. El fenomeno de la colectividad se da porque salen de la academia (donde se crearon) a la calle, simplemente para mostrar su arte. En muy pocos casos estos colectivos se interesaban por revindicar algún aspecto social, dentro de estos pocos casos esta el colectivo Tepito Arte Acá. Musicalmente hablando los artistas provenientes de la academia se aglutinan ante figuras importantes como Shaffer y Cage, defienden el arte por el arte, es decir, el sonido por el sonido. Particularmente en México, y a finales de los sesentas y principios de los setentas surge uno de los colectivos o grupos de música más importantes del país en esa época, el grupo Quanta, conformado por Mario Lavista, Nicolás Echeverría, Juan Cuauhtémoc y Fernando Baena. Más que un colectivo era un grupo de improvisación. Sin embargo es importante mencionarlo ya que al igual que otros grupos artísticos, Quanta, se acerco a la calle o al menos salieron de la academia a presentarse a otros recintos artísticos y tomaron el espacio publico como espacio de expresión artística. Toda esta pequeña reflexión puede ayudar un poco a responder a la pregunta que he planteado en un principio, el por que aglutinarnos en colectivos. Creo que los colectivos han surgido cuando son necesarios, cuando las circunstancias así lo requieren. Las sociedades o comunidades actúan como tales justo cuando encuentran que tienen algo en común, principalmente un problema que la desdibuja. Si los artistas pertenecen a estas comunidades, cómo no asociarse para que desde su actividad luchen por cubrir esa necesidad de la comunidad. Los colectivos de arte son entonces endémicos de las sociedades, las sociedades que están en decadencia. En general los artistas que se aglutinan viven en una economía un tanto austera, buscan la colectividad para que los costos de producción se reduzcan y puedan llevar su producto a la sociedad y ésta lo pueda recibir fácilmente. Entonces el mensaje tiene que ser directo. Creo que en la actualidad los colectivos están tomando estas directrices. En México hay grandes necesidades que tienen que ser eliminadas, las políticas y las sociales e incluso las académicas, porque ciertamente nuestras academias están en decadencia, no solamente las artísticas. Por eso los colectivos actuales intercambian sus conocimientos a partir de talleres o de tutoriales en redes. El año 2006 quizá fue el 68 de nuestra generación, el eterno retorno. En Oaxaca, durante las movilizaciones para quitar al gobernador Ulises Ruiz, los artistas gráficos tuvieron la necesidad de expresar de manera directa su realidad. Esta vez, debido a la necesidad de protegerse de la dura represión, estos artistas se tuvieron que aglutinar en verdaderos colectivos para protegerse, cuando realizaban su trabajo. No buscaban crear un lenguaje nuevo o imponer una estética en particular, sino una forma de llegar directamente a la sociedad y que su mensaje de protesta fuera claro. Ahora, justamente estamos a una década de esos hechos y justamente en Oaxaca la movilización social está llegando a otro clímax. Los colectivos de arte en el país han aprendido a autogestionarse, a ser autosustentables y en está búsqueda se han acercado a la sociedad de distintas formas. Varios colectivos de música igualmente se han unido a este compromiso social o tratan de hacerlo; quizá la diferencia importante entre los colectivos musicales y los colectivos de artes visuales es que mantienen o tratan de buscar un lenguaje propio en sus creaciones artísticas y no las interponen a la necesidad de que el mensaje sea claro para la sociedad. Esto puede dificultar ese compromiso social. Creo que aun no esta claro que es lo que un colectivo de música pueda aportar a la sociedad.  Se puede pensar que no tiene porque aportar algo, eso es valido. Pero sí es posible vislumbrar algo al respecto, posiblemente los colectivos de música podamos contribuir a la propagación del conocimiento, no directamente con la música que generemos, pero sí a partir de generar talleres con temas como la autogestión, el uso y la creación de herramientas de software libre para que sean utilizadas en sus propios proyectos. Estos conocimientos luego pueden difundirse en diversos puntos e incluso a nivel mundial. Así el conocimiento se expande e igualmente es la puerta para generar cuestionamientos y después nuevo conocimiento.  Esto no ha sido más que un pequeño panorama del porque un colectivo artístico existe y debe existir. Sin más por el momento me despido.

Siempre suyo guapodfde8bits.

Anuncios

Sacassaia – Boca da Terra (2014)

Boca_da_terra

Escuchar Sampleando Deus e o Mundo, primer disco de Sacassaia, fue para mí algo similar a atravesar un umbral. Eso ocurrió en 2009. Cuando supe, cinco años después, que Gabriel Reis y Tomás Seferin preparaban nuevo material, tuve el impulso de prender una vela. No imaginaba que la incorporación formal de Renato Matos, icono de la cultura rastafari en Brasilia, iba a imprimirle un giro tan notable. Boca da Terra es un acercamiento más profundo a la música afrobrasileña y su esencia mestiza, con todas las posibilidades que eso implica en pleno siglo XXI. Esperamos que sea de su agrado.

TRES GOLPES EN MI VENTANA, O LO QUE ES LO MISMO, EL SONIDO DE TU AUSENCIA

Tres golpes en mi ventana y tu voz grave y profunda anunciaban el despertar, entre sueños alcanzaba a escuchar mi nombre antecedido de tres pequeños golpes en mi ventana.

Tres golpes en mi ventana para decirme, es tarde, debes despertar.

Tres golpes en mi ventana que anunciaban la ida al colegio.

Tres golpes en mi ventana que en algún momento deteste oír, pues significaba abandonar la calidez de mi hogar.

Tres golpes en mi ventana que me decían es hora de partir a aquellos viajes de trabajo, nuevas aventuras que al ser desconocidas eran expectantes, pero al ser conocidas eran desgastantes e inquietantes.

Tres golpes en mi ventana que me decían, estoy aquí, todo se resolverá.

Tres golpes en mi ventana que ya no suenan más.

Tres golpes en mi ventana que solamente en mis sueños se vuelven a escuchar.

Tres golpes en mi ventana dolientes.

Tres golpes en mi ventana ausentes.

Glitze

Lion

 

 

Variaciones sobre la escucha: el dossier

3724134630_50ef5f42e7_b

Variaciones sobre la escucha es el título de un seminario que fue impartido en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM, en la Ciudad de México, entre agosto y diciembre de 2017.

Coordinado por Diego Morábito y Jorge David García, y organizado por el MUAC en colaboración con la Facultad de Música de la propia UNAM, este espacio pretendía dedicar el semestre a discutir diversos marcos teóricos y metodológicos relacionados con el complejo arte de escuchar.

Pero en el mes de septiembre, cuando comenzábamos a adentrarnos en las complejidades de nuestro tema de estudio, el seminario se vio atravesado por los temblores que hoy resultan sobradamente conocidos. ¿De qué manera re-percutió nuestra experiencia de los sismos en la manera en la que en que entendemos la escucha y el sonido? ¿Cómo significar las vibraciones siniestras que los temblores implicaron, para trascender el espasmo y comprender, al menos de manera fragmentaria, lo que vivimos en aquellos momentos? ¿Cómo vincular las discusiones académicas, que el seminario pretendía sostener alrededor del sonido y de la escucha, con el “desborde de realidad” que el movimiento de la tierra generara?

Preguntas como aquéllas fueron las que llevaron a los participantes del seminario a pensar en la resonancia como un concepto articulador de las diversas experiencias, inquietudes y asociaciones que se comparten en este documento. Sin necesariamente referirse a los sismos mexicanos, sin remitirse forzosamente a los “desbordes de realidad” que la vivencia de los sismos implicó, los autores de este texto reflexionan acerca del fenómeno que se produce cuando un cuerpo se ve afectado por las vibraciones de otro. Sea para formar frecuencias en armonía que constituyen acordes consonantes, o sea para caer en oscilaciones destructivas que pongan en riesgo las estructuras sociales, la resonancia sirve como pre-texto para tejer un diálogo colectivo en torno a la capacidad que tenemos de vibrar, y de a través de la escucha hacernos conscientes de las vibraciones que nos envuelven.

Si bien en un principio los textos aquí reunidos, originalmente publicados en el blog de La oreja (in)culta, sirvieron como motor de un debate interno que sirviera para los fines didácticos del seminario, la decisión de publicarlos a manera de un dossier responde a la intención de abrir nuestro debate y ponerlo a consideración de un espectro más amplio de lecturas.

Esperando que las ideas que aquí se conjugan entren en resonancia con otras escuchas, no nos queda más que desear una buena travesía por los canales reflexivos que a continuación se presentan.

Dossier en PDF:

https://archive.org/stream/laorejainculta_hotmail_vse/VSE#page/n0/mode/2up

Textos publicados en el blog de La oreja (in)culta:

Escuchando desde el cuerpo, volver a los orígenes  – Adela Marín

La escucha musical cuando bailamos – Ana Treviño

El sonido domesticado – Gabriel Salcedo

Todos somos Juan Preciado – Edgardo Espinosa

Resonancia interna en el silencio y comunicación con el mundo – Aleyda Moreno

La piel y la cuerda: sobre la importancia de sabernos vulnerables – Jorge David García

Del temor a la música o por qué huí de ella durante un largo período – Magda Gárate

Resonar a través del otro – Sergio Ruiz

La escucha de la multipercusión – Andrea Sorrenti

Bucolismo y resonancia – Diego Morábito

Puntos en común en los sonidos de la ciudad. ¿Cómo explorar ese entorno? Otto Castro Solano

Grietas y resonancias de un año escalofriante (o reflexiones liminales en torno a una pista de Yoshihide) (o “Feliz Año Nuevo” en código Armstrong)

Cuando ustedes le hayan hecho un cuerpo sin
órganos lo habrán liberado de todos sus auto-
matismos y lo habrán devuelto a
su verdadera libertad.
Entonces podrán enseñarle a danzar al revés
como en el delirio de los bailes populares
y ese revés será
su verdadero lugar.
(A. Artaud)

Favor de leer el siguiente texto escuchando la siguiente pista:

He querido abrir el año hablando de resonancias, de grietas y escalofríos.

¿Qué es la resonancia? La vibración que sufre un cuerpo cuando se somete a una fuerza periódica, cuya frecuencia coincide con la frecuencia característica del cuerpo resonante.

¿Qué es la grieta? Una fisura que atraviesa un cuerpo dado, generando una separación entre las partes resultantes del quiebre estructural que la ruptura provoca.

¿Qué es el escalofrío? La sensación repentina, muchas veces violenta, de frío, que contrae y paraliza nuestro sistema muscular a consecuencia de un cambio repentino de temperatura.

¿Por qué arrancar el año hablando de estos tres conceptos? Porque estamos comenzando (continuando) un período de vibración intensa, de resonancias violentas que generan hendiduras en nuestro sistema-mundo-sueño, al grado de contraer nuestro sistema muscular y paralizarnos por un instante de duración indeterminada.

Dicho de otra manera, hay razones sobradas para sentir escalofríos en este comienzo de año: la legalización de la represión militar en México, frente a las próximas elecciones federales; la “revancha” derechista en América Latina; la derogación de las normas de neutralidad en Internet en los Estados Unidos (y por ende, en el mundo), la consolidación inverosímil del gobierno de Trump; los desplazamientos y migraciones que por razones políticas, climáticas y económicas se dan a lo largo y ancho del plantea; la amenaza recurrente de guerra nuclear, junto a la amenaza también mortífera del cambio climático; asesinatos, precariedad y miseria, son sólo algunos de los denominadores comunes de un estado permanente de miedo que abarca nuestra existencia sin que podamos detenerlo.

Tenemos miedo, y quizás por ello nos entregamos irreflexivos a los placebos de nuestro siglo. (San Google, San Facebook y Santa Televisa, son sólo algunos de los tótems que escuchan nuestras plegarias y nos devuelven un soplo de fe). Pero no por ello dejamos de sospechar que a cada paso que damos podríamos caer, y esa sospecha se transforma en un estrés generalizado que se manifiesta en enfermedad, angustia y violencia.

A donde quiera que miremos, parece haber únicamente dos actitudes posibles entre las personas que deambulan en el año que comienza: la evasión y la molestia, el “hacerse-wey” y el “estar hasta la madre”, el ser capaz de ver el mundo desplomarse sin siquiera darse cuenta, frente al querer desplomar a todo aquel que se atraviese en el camino accidentado de la furia. Y a lo largo de cada día, somos testigos de cómo esas dos actitudes se van yuxtaponiendo en nuestra propia experiencia. Pasamos de manifestar a evadir (reprimir) nuestros temores, pero en uno y otro caso los somatizamos de innumerables maneras.

En otras ocasiones habríamos caído en la tentación de recurrir a los clichés tranquilizantes: “frente al temor generalizado se nos presenta un movimiento de esperanza global”, “el cambio empieza en el individuo, y cada quien es libre de comenzar a cambiar en este mismo instante”, con todos los etcéteras que quieran agregarse. Pero esta vez hemos optado por ahorrarnos los placebos y decir de manera tajante: la herida que nos agrieta parece letal, y no tenemos elementos para sentirnos tranquilos. Lo que podemos decir, en un afán por resonar con las voces entusiastas, es que el espacio de la intranquilidad, del peligro y del miedo es un locus que posee su propia potencia. Y es precisamente ahí: en la fuerza potencial de los llamados espacios liminales, donde queremos colocar nuestros mejores deseos para el año que comienza.

El antropólogo Víctor Turner define los espacios liminales como procesos de tránsito, formas de sociedad que durante un determinado lapso se constituyen al margen de las estructuras sociales. Un aspecto central de los espacios liminales es que dan lugar a lo que el propio Turner denomina communitas, a saber, un modo de relación social en la que los roles, jerarquías y en general diferencias estructurantes de la sociedad se encuentran temporalmente eliminadas.

Aunque Turner analiza los espacios liminales que se dan en los llamados “ritos de pasaje” de distintas culturas africanas, él mismo enfatiza que la liminalidad y la communitas son nociones que sirven para analizar cualquier proceso en el que las normas estructurantes de la sociedad se ven “congeladas” de manera temporal, dando lugar a un estado de excepción que “transgrede o elimina las normas que rigen las relaciones estructuradas e institucionalizadas, al tiempo que va acompañada de experiencias de una fuerza sin precedente” (1988: 134). Un ejemplo claro, todavía vigente, de este tipo de relación, es el que se vivió en la Ciudad de México durante los días posteriores al temblor del pasado 19 de Septiembre: durante un “momento sagrado” en el que la lucha por la vida sirvió como motor de una fuerza solidaria nunca antes experimentada por muchos de nosotros, las divisiones sociales parecieron difuminarse, al menos por unos instantes. La vergüenza, el miedo y la angustia que el sabernos vulnerables generaba en aquellos momentos, sirvieron para romper de manera temporal (y, hay que decirlo, de manera parcial y focalizada en ciertos puntos de la ciudad) con la lógica social normalmente operante, para demostrarnos que existen otras formas posibles de convivencia.

Hay que tener cuidado, sin embargo, de no creer que la communitas y la liminalidad son espacios sociales necesariamente benéficos o deseables. Antes bien, la falta de estructura, al tiempo de albergar una potencia de solidaridad y vivencia de vínculos sociales que trascienden las formas de organización normadas, es también la puerta al caos, al desequilibrio, y a la consolidación de pulsiones destructivas que terminan por someter las pulsiones vitalicias. Tal como señalan Deleuze y Guattari, hablando en términos altamente similares a los de Turner, “toda desestratificación demasiado brutal corre el riesgo de ser suicida, o cancerosa, es decir, unas veces se abre al caos, al vacío y a la destrucción, vuelve a cerrar sobre nosotros los estratos, que se endurecen aún más, y pierden incluso sus grados de diversidad, de diferenciación y de movilidad” (Deleuze y Guattari 2004: 513).

Pues bien, lo que quiero proponer en esta “carta de Año Nuevo” es que el 2018 abre como espacio liminal en el más amplio de los sentidos. Las instituciones se encuentran altamente debilitadas, al tiempo que el caos desborda en donde quiera. La legalidad, la nación, la religión y la familia, sólo por mencionar algunas de las nociones que hace pocas décadas fungían como estandartes de una sociedad (dentro de todo) regulada, hoy en día se desparraman entre los clamores de la guerra. Y está de más decir que estas palabras no deben leerse como una queja conservadora o una réplica nostálgica que contempla el “paraíso perdido”, sino como un intento de comprender el terreno en el que estamos parados. Si algún significado cultural conserva todavía el inicio de año, es el de recordarnos que los tiempos se mueven, y que el movimiento implica siempre un proceso de cambio.

Desde una perspectiva acústica, la resonancia puede ser pensada como un fenómeno de transición que resulta del encuentro de dos frecuencias vibratorias: un espacio liminal en el que armonía y destrucción, música y ruido, son aspectos concomitantes de una misma potencia transformadora. ¿Quién podría no sentir escalofríos frente a las grietas que se abren en el suelo que nos sostiene? ¿Quién podría, sin embargo, negar la necesidad de que los muros que nos encierran se agrieten?

Acaso lo que nos toca, siguiendo a Yoshihide, es mantenernos en la tensión entre las resonancias armónicas y aquéllas que desembocan en disonancias desgarradoras. Sólo en la tensión, en el espacio liminal que algún poeta denominara Cuerpo sin Órganos, es posible danzar, ilusos y miedosos, bajo la ancestral paradoja de nuestro ruido.

¡Feliz Año Nuevo les desea Armstrong Liberado!

La imagen puede contener: 7 personas, personas sonriendo, personas de pie


Referencias:

Artaud, Antonin. Para terminar con el juicio de Dios y otros poemas. Buenos Aires: Ed. Caldén, 1975.

Deleuze, Gilles y Félix Guattari. Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Trad. José Vázquez Pérez. Valencia: Pre-textos, 2004.

Turner, Víctor. El proceso ritual: estructura y antiestructura. Madrid: Taurus, 1988.

 

La escucha sensible de las plantas

Apuntes para una fenomenología del espíritu de la vida

Pensar en lo abstracto no es por mucho una tarea sólo de expertos, en realidad, la vida cotidiana exige un proceso de abstracción para rehacer cada día la experiencia de la vida concreta. La vida en su conjunto funciona como una relación vital entre espacio y tiempo diverso que conecta experiencias de relación a través de la escucha, aunque sea difícil establecer las condiciones geopolíticas que un sonido puede detonar.

El día de hoy, se preparan ejércitos enmedio de una de las zonas ecológicas más importantes diría la geopolítica y más sensible dirían algunas otras ciencias, para la reproducción de toda la vida en el planeta. Si es verdad que el mundo da a luz cada día y la madre sigue proveyéndonos de lo vital, la zona del amazonas es sensible a las acciones de los hijos que conforman los ejércitos que la van a destruir.

Con la operación militar comandada por el Comando Sur en compañía de los ejércitos de Perú, Colombia y Brasil, denominada Amazon2017, todo proceso de reorganización de la vida natural en el Amazonas está acechado; pretendiendo tomar posesión privada de un gran corazón planetario, los ejércitos del norte y de una América Latina herida, han disparado las balas para acallar el silencio de los pájaros y de las plantas en plena selva.

A continuación compartimos el link para conocer a detalle este proceso y comprometerlo a usted, lector y lectora, a realizar su propia colaboración de interpretación de este proceso: https://redhsite.wordpress.com/2017/11/03/ejercicio-amazonlog-y-operacion-america-unida/

¿Cuál es la agudeza del eco de las armas en plena selva?

¿Qué ha pasado con el canto de los pájaros en nuestra América Latina a lo largo de la historia?

Preguntarse por el terreno político del sonido, de la escucha y de la creación de espacio con el tiempo musical es hoy el mayor compromiso para entender que hay qué darle paso a todas las vibraciones, a toda la diversidad y permitirnos entender que matar la selva es ya el registro del suicidio colectivo de una especie que en el camino, tal vez, entre otras cosas, dejó de amar la vida.

https://archive.org/details/Forastero

Forastero: Autorretrato

A manera de presentación y saludo con la comunidad digital del colectivo armstrong liberado.

Esta pieza audiovisual se elaboró en el Taller de Realizaciòn Cinematográfica Libre, en el Rancho Electrónico, durante el proceso de formación audiovisual libre en el año 2014.

El registro empleó la técnica de corte en cámara, sin procesos de edición posteriores. Para su proyección en el taller de cine libre, se enumeró cada clip y la secuencia siguió el orden numérico de reproducción.

Ahora en 2017, se montó en la linea de tiempo del editor de video, sin un trabajo de postproducción, para mantener su sentido original. Comenzar a montar una pieza audiovisual en la mente, detonada por una idea, antes del registro audiovisual.

 

El orden de las cosas. La improvisación como práctica artística anarquista

Iván Navarrete

PhonoGrafic

La anarquía es la más alta expresión del orden

Élisée Reclus

Una noción es la idea general que se tiene de algo, es decir, el conocimiento más elemental sobre un asunto. Así, la noción de caos nos hace pensar en la ausencia de orden, un orden que podamos intuir o decifrar a través de un ejercicio de observación y análisis. De tal modo, al no distinguir o poder corroborar esta noción, en primer instancia pensamos que nos enfrentamos a un estado caótico, sin embargo no tomamos en cuenta que ciertos órdenes se escapan a nuestra percepción. Pues no divisamos la noción colectiva, la memoria histórica y el conocimiento científico, que sumadas pueden re-situar  la noción actual y de tal forma profundizar hacia un conocimiento más concreto. Eso que parecía caótico, por tanto, ahora resulta estar dentro del ‘orden’ en otro sistema, que en primer instancia no contemplamos.

    Así pues, podemos comenzar diciendo que la noción de anarquismo está fuertemente ligada a la noción de lo caótico, pero entonces ¿Cómo entender la idea de orden a la que nos enfrenta Élisée Reclus? El anarquismo se fundamenta en la ausencia de un eje rector evidente. Por lo que al estar acostumbrados a la idea de seguir una cierta dirección, de funcionar de acuerdo a un director o a un grupo dirigente, la ausencia de estos se ha vinculado con la inoperancia  que desemboca en un estado caótico. Entonces insisto ¿Cuál es el orden de las cosas del que habla Reclus? El principal principio del anarquismo es situar al hombre de frente a la libertad.  Donde  la capacidad de cada individuo de saber qué hacer con su libertad y además conciliar la libertad propia con la de los otros es el eje rector que constituye el cuasi invisible orden del anarquismo. Pero, ¿Cómo llegar a este orden?  Lo anterior implica, en primer instancia, una gran capacidad de autorregulación individual y colectiva. El ejercicio de la libertad es en sí un acto transformador, modelador de individuos y de sociedades, por lo que en la medida que se ejercita va creando estructuras internas y externas construidas con base en los parámetros de la autorregulación. Entonces, ¿Cómo comenzar el ejercicio de la libertad? Como cualquier ejercicio la libertad se puede conocer en la medida en la que se experimenta, asunto interesante en sí, ya que el experimentar la libertad no es un asunto individual sino colectivo. Puesto que puede ejercerse plenamente en las comunidades en las cuales se puede ir recibiendo libertad a la vez que se va dejando de depender del otro para existir.

Hablar de arte y anarquía en primera instancia se puede permear de un discurso político libertario, sin embargo ese no es el asunto aquí, sino más bien  señalar las directrices del orden anarquista dentro de las prácticas artísticas. Cabe mencionar que este asunto  es diferente a un arte meramente panfletario, ya que no se trata de usar el arte como medio para difundir una ideología, sino más bien tomar a las prácticas artísticas como medios para experimentar la libertad.

    Entrando en esta materia se podrían definir diversas maneras para lograr este objetivo, ya que por ejemplo cuando practico el dibujo libre, al enfrentar la hoja en blanco, lo que sucede es que me encuentro de frente a mi  capacidad de llenarla con mis contenidos, cuestión que en principio es un gran desafío, un constante cuestionarse ¿Qué dibujar? Para luego llegar a un ¿Por qué?, sin embargo con la práctica se va convirtiendo en una necesidad ya que se desarrolla la capacidad de  definir gustos e intereses o en otras palabras la capacidad de expresarse y proyectarse. A este respecto cabe decir que el ejercicio de la libertad debe ser tomado no como un hecho eventual, sino más bien como una disciplina que requiere de constancia y compromiso.

      Sin embargo aquí nos centraremos en la improvisación como una práctica artística que en sí misma propone una forma anarquista, dado que la improvisación sitúa al individuo frente a la libertad de actuar de forma sistemática. Ya que improvisar es responder a las circunstancias sin previo aviso, o sin una planeación muy elaborada previamente, o sea que de primer momento trasciende la existencia de un guión concreto que indique de manera estricta un qué hacer, simplemente pide una reacción ante una circunstancia dada, la improvisación deja siempre abierta la puerta al mundo de las reacciones posibles, así improvisar es responder a estímulos del entorno y a situaciones establecidas por el contexto, y lo que hace la práctica es entonces procurar que la respuesta elegida sea en gran medida la más eficiente.

     Se puede decir que la improvisación es una manera de poner al individuo de forma inmediata en el aquí y el ahora, ya que el tiempo en el que se desarrolla la improvisación es el tiempo presente por lo que el problema a resolver requiere toda la atención en ese momento. También se puede decir que es un medio que facilita la expresión del indviduo, ya que ‘expresión’ es aquello que emana del ser, por tanto es algo natural y fluido, durante la improvisación el acto de ser ‘yo’ encuentra también su cauce. Pero además sumerge al individuo en un proceso de comunicación dialógica, en el que capacidades como la atención, la observación y la escucha tienden a incrementarse para mejorar su capacidad de respuesta en el diálogo entre  el contexto, la expresión de el o los otros y su expresión misma.

     Por estas razones se puede decir que la improvisación como práctica artística, también es un dispositivo que sirve para desarrollar las capacidades de autorregulación y diálogo, directrices fundamentales del orden del que habla Reclus, ya que ante la falta de un líder o director lo que queda es la capacidad individual de dialogar para negociar el bien común lo que implica en sí mismo una autorregulación que me deje disfrutar plenamente de mi libertad sin afectar la del otro.

Hay que agregar además que lo que queda de la práctica artística de la improvisación, no es un producto u obra en sí, sino más bien una experiencia individual y colectiva, que resulta ser una vivencia, por lo que la improvisación como práctica artística anarquista tomada como disciplina es una forma de vivir la vida para llegar a ese  estado máximo de orden de las cosas, al que se llega por disposición orgánica, que es al que se refiere Élisée Reclus.