La ley innata

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Pioneros del rock transgresivo, Extremoduro es una de esas bandas donde lírica y timbre tienden a confundirse. En 2008 nos sorprendieron con su Ley innata, organizada en movimientos a manera de sinfonía pero concebida como manifiesto o quizá tratado. En su tiempo este disco dilató mis gustos musicales —eran los años en que participaba en la ya extinta banda de ska-punk Mal Vasallo— además de apuntalar mi inacabada crítica del antropocentrismo, por ello quisiera recomendarlo este fin de semana.

Enrique Milpa (@rizomarx)

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Pequeños apuntes sobre La Pirinola

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Por Lejana


El pasado 12 de agosto nuestros queridos armstrongs acompañaron a La Pirinola en el cierre de su curso de verano “Laboratorio Arte Pop”, un cúmulo de experiencias en torno al arte, los objetos y la escucha implícita que la banda participante nos compartió en el auditorio del Museo Carrillo Gil.

El suceso consistió en tres partituras de un sentir colectivo: la mirada al mundo desde otras manos. Tres mezclas de sonidos e imágenes fueron el compás perfecto, y afecto, para desatar la acústica armstronguiana y bifurcarse entre cada esquina de la sala hasta merodear en el ritmo interno de los asistentes.

¿Cómo buscar el centro del sonido en lo común? En esta ocasión nuestros compañeros de escucha, integrantes del curso de verano, definieron y defendieron varios minutos de alegría, expeditivos de las ondas, con los ojos brillantes, mientras hicieron de la duración de sus actos un tiempo sonoro sin propietario.

Tonificamos nuestros cuerpos desconocidos cuando todos procuramos integrarnos a la sonorización de Viaje a la Luna de Georges Méliès. Emitimos sonidos sin articular y sin embargo repartimos la suma de algunas meditaciones incomprendidas; un mundo creado, recreado y re-tocado fue posible.

Link para ver la presentación: Cierre Laboratorio Arte Pop

Desenterrar un sonido

I

“Que no lo vean los mineros, pues abrirían un pozo en el cielo” – GILBERTO OWEN

Cuando un sonido desgasta su explosión inmanente, ¿a dónde se va? Todos los días volvemos de vuelta al cementerio de los sonidos, les depositamos flores, nos abarca un gran jarrón. Parece relativamente sencillo determinar el origen de un sonido, pero ¿a dónde se van aquellos que, tras un instante glorioso, de tanto disminuir desaparecen? Estamos acostumbrados a su no-estar simplemente porque sabemos que llegarán nuevos sonidos a reemplazar el lugar que ocupaban antes de ser absorbidos. Jamás hemos vivido la afonía del mundo en toda su magnitud, sería insoportable. Si hay silencio, lo vivimos como un paréntesis que no debe extenderse demasiado. Habitamos los sonidos, en cambio, como una necesidad, no importa que la mayoría del tiempo filtremos la percepción que nos hacemos de ellos. Hay certezas de segundo grado, inconscientes aunque fundamentales, como el acaecer del próximo ruido. Un mundo enmudecido sería radicalmente diferente al nuestro. Y, sin embargo, vivimos forzando los límites del discurso, aun cuando ningún lenguaje ha alcanzado siquiera la antesala de la inteligibilidad. La armadura del signo queda ahí, creemos que queda, incluso cuando el sustrato sónico haya sido engullido por una boca infinita.

¿Qué problemas se le plantean al minero, quien, cansado de desenterrar gemas pesadas, opta por buscar la levedad de los sonidos perdidos? La erosión de un sonido es implacable, nada queda de él, ni un susurro. Las montañas silentes son llanas, tan lisas que podemos caminar y seguir caminando y sentir que no hemos avanzado, el mapa vacío. Dado el carácter transitorio del sonido, a todo paisaje sonoro le corresponde una arqueología. O un osario. La música hizo de la repetición una estratagema para inmortalizar el instante acústico, “preparación eterna, preparación a un advenimiento que nunca llega, eterna iniciación que no acaba cosa”, como decía Unamuno. Pero antes de la repetición armónica o de su racionalización tuvo que haber una repetición accidental, un desenterrar instintivo correspondiente a la tendencia misma que tiene el sonar de ser sonido, de enterrarse. El canto —y su expresión social, la lengua oral— nacen como un impulso de la naturaleza para restaurar los sonidos idos. La voz es el rastro del devenir, el mundo clama cantos cósmicos. Por otro lado, las tecnologías de la grabación han permitido que la repetición sea cada vez más afín al sonido original. Fosilizar sonidos: he ahí la función documental del registro sonoro.

Las piedras me recuerdan a las frutas, tanto silencio resguardado en una forma. Se preguntará alguien, sí, pero ¿a qué suenan las piedras? Para romper el suelo y exprimirle un secreto se requiere de mucha fuerza de trabajo, tanto más cuanto mayor sea la cohesión interna del material. La industria extractivista se apropia y devasta el territorio de los pueblos en una enfermiza cacería de valor. No le importan los sonidos. En cambio, el oído espeleológico avanza con mucho cuidado por grutas invisibles para que no se le rasguen sus mejores papiroflexias, camina a través de las galerías que ha tallado el sonido en nuestros miles de tímpanos. Afirma Bachelard: “El instante del herrero es un instante bien aislado y al mismo tiempo exagerado. Eleva al trabajador al dominio del tiempo, mediante la violencia de un instante”. Por eso los minerales representan el sonido del tiempo inmaculado, la violencia de la eternidad. La esquirla es el testimonio de un sonido profundo que ya fue. El polvo es el alma del monte. La roca partida se transforma súbitamente en un linaje de mosaicos y teselaciones, tiembla. Así un poco con la vida. Está la historia de la madre que se extravió con su hijo en las sierras azules de Oaxaca, iban descalzos, la naturaleza les llamó y era imposible no ir, ¿verdad?, el cáliz de la tarde, los espíritus nocturnos, el espejo. Sobrevivieron silbando. Pero en el vientre del cerro, a diferencia de su agreste piel, siempre es de noche. No puedo imaginar cómo se distorsiona la noción del tiempo y del espacio en el interior de una montaña. Todo debe ser inmenso por todos lados. Sin adentro, sin afuera. Entonces, ¿cómo será la noche de un sonido inhumado? ¿Obscura? ¿Luminosa? ¿Y el interior del silencio? Ahora creo entender: puede que la máquina de sombras sea, acústicamente, nada más que el tiempo justo de su restauración. El parto del sonido es inminente, igual que su partida. Adiós es dar la bienvenida. ¿La escuchas, acaso? Es ella, la hermosa voz del silencio.

 

II

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III

El pasado 18 de julio se celebró, como ya es costumbre, el Día Mundial de la Escucha (DME). Este año las acciones-reflexiones se centraron en la escucha profunda de la tierra, en consonancia con los postulados de Pauline Oliveiros y Murray Schafer. En la Ciudad de México, el Laboratorio de Periodismo Sonoro coordinó una serie de actividades en el subsuelo de nuestra inmensa urbe, en las instalaciones del Museo del Metro. Previamente convocamos al público a compartir grabaciones relativas a los sonidos de la tierra, mismas que fueron reproducidas en el abarrotado pasillo que conecta las líneas 7 y 12 del metro Mixcoac. Además hubo una charla a cargo de Mirna Castro, Alicia Escamilla y Ana Cecilia Medina. La documentación del evento todavía no ha sido compilada en su totalidad, pero a continuación adelantamos una recopilación con las contribuciones. ¡Muchas gracias a tod@s!

Contribuciones DME CDMX 2017

Quisiera retomar, a propósito de la exhumación de sonidos, cuatro paisajes sonoros con los que participé en el DME. En los entornos urbanos la tierra ha sido mercantilizada por el capital con brutalidad (la especulación del suelo y el auge de la industria de la construcción son tan sólo el rostro directo e inmediato de esta operación). La serie que presento, no obstante, nace de la intención de problematizar la escucha de la tierra en las ciudades de forma indirecta y mediata. Retomando el problema del minero, en este caso lo vemos avocado a desenterrar no cualquier sonido sino aquellos sonidos en y de la tierra.

Limpiar frijol

La pieza aborda el problema del sustento en las ciudades. Dura lo que uno demoraría en limpiar una bolsa de frijoles de 900 gr, es decir, en separar las piedras y el gorgojo. Un resabio de artificio se percibe ante la presencia constante del motor del refrigerador y la cavidad metálica de la olla exprés. Indaga la relación fetichista campo-ciudad en términos alimentarios y subraya la alta entropía inherente a nuestro modo de consumo.

Las horas

Paisaje sonoro que remite al acto de modelar la materia que tenemos a la mano. La figura del obrero se confronta con la del músico, dos oficios que labran mundos paralelos. Modelar es devenir, independientemente del método empleado. El elemento temporal de las horas puede leerse de varias maneras, a mí me gusta pensar en los estratos que componen nuestra memoria donde se apila el tiempo como capas geológicas.

Tortillería Nuria

Esta grabación es otra manera de abordar los avatares de la agroindustria. Las tortillerías asimilaron los principios del fordismo para acelerar la producción de tortillas, continente universal de la dieta mexicana. ¿De qué otra manera soportar la explosión demográfica cuando el comal se mostraba demasiado lento e insoportablemente artesanal? La gente hecha de maíz envolvemos nuestro alimento en taco. Nos hicieron alfareros pero también aprendimos a hacer cerámicas efímeras y sobre todo a devorarlas.

Remedios

La última pieza fue registrada a un costado del mercado de La Merced, en la acera donde se juntan las yerberas. Un pregón, pese a su repetición mecánica, resguarda siempre la chispa de la oralidad que se acopla a los contextos específicos: es así que de un listado de enfermedades y remedios herbolarios pasamos a reflexiones sobre la economía, el clima y la vida cotidiana. Por otro lado, la pieza nos recuerda que la salud está íntimamente vinculada al poder de las plantas, cuyas propiedades curativas provienen del suelo, origen de todo.

 

IV

Viaje a Ixtlán

-Fue una estupenda señal -dijo-. ¡Qué extraño! Sucedió al terminar el día. Tú y yo somos muy distintos. Tú eres más criatura de la noche. Yo prefiero el brillo joven de la mañana. O mejor dicho, el brillo del sol matutino me busca, pero de ti se esconde. En cambio, el sol poniente te bañó. Sus llamas te abrasaron sin quemarte. ¡Qué extraño!

-¿Por qué es extraño?

-Nunca lo había visto pasar. La señal, cuando sucede, ha sido siempre en el reino del sol joven.

 -¿Por qué es así, don Juan?

-No es hora de hablar de eso -repuso, cortante-. El conocimiento es poder. Toma mucho tiempo juntar el poder suficiente incluso para hablar de él.

Traté de insistir, pero él cambió de tema abruptamente. Inquirió sobre mi progreso en “soñar”.

Yo había empezado a soñar en sitios específicos, como la escuela y las casas de algunos amigos.

-¿Estabas en esos sitios durante el día o durante la noche? -preguntó.

Mis sueños correspondían con la hora del día a la que solía estar en tales sitios: en la escuela durante el día, en casa de mis amigos por la noche.

Sugirió que probara yo “soñar” mientras echaba una siesta de día, y ver si podía visualizar el sitio elegido como estaba a la hora en que yo “soñaba”. Si yo “soñaba” de noche, mis visiones del local debían ser nocturnas. Dijo que lo que uno experimenta al “soñar” debe ser congruente con la hora en que el “soñar” tiene lugar; de otra forma las visiones que uno tenga no serán “soñar”, sino sueños comunes.

-Para ayudarte debías escoger un objeto determinado que pertenezca al sitio donde quieres ir, y enfocar en él tu atención -prosiguió-. En este cerro, por ejemplo, tienes ya una planta determinada que debes observar hasta que tenga un lugar en tu memoria. Puedes regresar aquí en tu soñar simplemente recordando esa planta, o recordando esta roca donde estamos sentados, o recordando cualquier otra cosa de aquí. Es más fácil viajar al soñar cuando puedes enfocarte en un sitio de poder, como éste. Pero si no quieres venir aquí puedes usar cualquier otro sitio. A lo mejor la escuela donde vas es para ti un sitio de poder. Úsalo. Enfoca tu atención en cualquier objeto de allí, y luego encuéntralo al soñar.

“Del objeto específico que recuerdes, debes volver a tus manos, y luego a otro objeto y así sucesivamente.

“Pero ahora debes enfocar la atención en todo lo que existe encima de este cerro, porque éste es el sitio más importante de tu vida.”

Me miró como sondeando el efecto de sus palabras.

-Éste es el sitio en que morirás -dijo con voz suave.

Me moví con nerviosismo, cambiando de postura, y él sonrió.

-Tendré que venir contigo una y otra vez a este cerro -dijo-. Y luego tú tendrás que venir solo hasta que estés saturado de él, hasta que el cerro te rezume. Sabrás la hora en que estés lleno de él. Este cerro, como es ahora, será entonces el sitio de tu última danza.

-¿Qué quiere usted decir con mi última danza, don Juan?

-Ésta es tu última parada -dijo-. Morirás aquí, estés donde estés. Cada guerrero tiene un sitio para morir. Un sitio de su predilección, donde eventos poderosos dejaron su huella; un sitio donde ha presenciado maravillas, donde se le han revelado secretos; un sitio donde ha juntado su poder personal.

“Un guerrero tiene la obligación de regresar a ese sitio de su predilección cada vez que absorbe poder, para guardarlo allí. Va allí caminando o bien soñando.

“Y por fin, un día que su tiempo en la tierra ha terminado y siente el toque de la muerte en el hombro izquierdo, su espíritu, que siempre está listo, vuela al sitio de su predilección y allí el guerrero baila ante su muerte.

“Cada guerrero tiene una forma específica, una determinada postura de poder, que desarrolla a lo largo de su vida. Es una especie de danza. Un movimiento que él hace bajo la influencia de su poder personal.”

“Si el guerrero moribundo tiene poder limitado, su danza es corta; si su poder es grandioso, su danza es magnífica. Pero ya sea su poder pequeño o magnifico, la muerte debe pararse a presenciar su última parada sobre la tierra. La muerte no puede llevarse al guerrero que cuenta por última vez la labor de su vida, hasta que haya acabado su danza.”

Las palabras de don Juan me dieron un escalofrío. El silencio, el crepúsculo, el espléndido paisaje: todo parecía haber sido colocado allí como tramoya para la imagen de la última danza de poder de un guerrero.

-¿Puede usted enseñarme esa danza aunque no sea yo guerrero? -pregunté.

-Todo hombre que caza poder tiene que aprender esa danza -repuso-. Pero no te la puedo enseñar ahora. Tal vez tengas pronto un adversario que valga la pena y entonces te enseñaré el primer movimiento de poder. Tú mismo debes añadir los otros conforme sigas viviendo. Cada movimiento debe adquirirse durante una lucha de poder. Así que, hablando con propiedad, la postura, la forma de un guerrero, es la historia de su vida, una danza que crece conforme él crece en poder personal.

-¿De veras se para la muerte a ver bailar al guerrero?

-Un guerrero no es más que un hombre. Un hombre humilde. No puede cambiar los designios de su muerte. Pero su espíritu impecable, que ha juntado poder tras penalidades enormes, puede ciertamente detener a su muerte un momento, un momento lo bastante largo para permitirle regocijarse por última vez en el recuerdo de su poder. Podemos decir que ése es un gesto que la muerte tiene con quienes poseen un espíritu impecable.

Experimenté una angustia avasalladora y hablé sólo por aliviarla. Le pregunté si había conocido guerreros que murieron, y en qué forma su última danza había afectado su morir.

-Ya párale -dijo con sequedad-. Morir es algo monumental. Es algo mucho más que estirar la pata y ponerte tieso.

-¿Bailaré yo también ante mi muerte, don Juan?

-Sin duda. Estás cazando poder personal aunque todavía no vivas como guerrero. Hoy el sol te dio una señal. Lo mejor que produzcas en el trabajo de tu vida se hará al final del día. Por lo visto no te gusta el joven resplandor de la luz temprana. Viajar en la mañana no te llama la atención. Pero tu gusto es el sol poniente, amarillo viejo, y maduro. No te gusta el calor, te gusta el resplandor.

“Y así bailarás ante tu muerte, aquí, en la cima de este cerro, al acabar el día. Y en tu última danza dirás de tu lucha, de las batallas que has ganado y de las que has perdido; dirás de tus alegrías y desconciertos al encontrarte con el poder personal. Tu danza hablará de los secretos y las maravillas que has atesorado. Y tu muerte se sentará aquí a observarte.

“El sol poniente brillará sobre ti sin quemar, como lo hizo hoy. El viento será suave y dulce y tu cerro temblará. Al llegar al final de tu danza mirarás el sol, porque nunca volverás a verlo ni despierto ni soñando, y entonces tu muerte apuntará hacia el sur. Hacia la inmensidad.”

Extracto de CARLOS CASTANEDA, Viaje a Ixtlán


Texto, fotografía y grabaciones: Enrique Milpa (@rizomarx)

EDGES Live Performance. No-crónica de una noche con Armstrong Liberado

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Por Lejana

El sonido, sospechamos algunos, es materia prima de la existencia. Esta afirmación se nos revela en imágenes que surgen de la expresión no sólo de la música-obra-de-arte sino de la vida cotidiana en tanto vibración inagotable. Todo en nosotros es sonido, lo mismo olfato, tacto, gusto e imaginación, todo se concentra y diluye, y es nuestro deber practicar su devolución. Si somos aprendices sonoros, si somos discípulos de la escucha, la labor será compartirla. Allí comienza el movimiento, el enigma de la acción colectiva cual recipiente de sustancias rituales, el desplazamiento Armstronguiano en su último performance el pasado 8 de junio durante su participación dentro del ciclo EDGES Live Performance en el CENART.

Escribo esta no-crónica atemporal como testimonio del flujo perene de los sonidos, como rescate mínimo de los instantes y como carta abierta a las sono-sophias con las que Armstrong Liberado nos invita a conocer los otros lados de la escucha. Escribo mientras vuelvo a masticar con los dedos el sonido de una hoja de papel, segundo acto del performance con que los Armstrongs nos llevaron al margen de uno de sus tantos procesos. Hago una pausa y procuro una respiración lenta y fuerte evocando la introducción de aquel suceso. Sonido humano envolviendo a nuestros compañeros de escucha, sonido mundo sucediendo sin fin. Aquí no existen públicos, viven cómplices de un escenario multidireccional que estalla pausado, claroscuro, poético, entre un centenar de manos.

Tímidos, nos atrevemos a hurgar la hoja que nos entrega Sísifo, GuapoDFde8Bits y Glitze. Doblar y desdoblar sin saber porqué. La hoja se transforma y muere, la hoja rota grita susurros tenues que inundan la sala. El sonido igual al momento exige ser vivido ¿lo vivimos?  Las estructuras del comportamiento nos retienen, los “límites” del arte se manifiestan. No obstante, el sonido deja ver su elasticidad, se propaga entre los cuerpos, se convierte en cuerpo. Al interior de este cuerpo late un salterio manipulado por Glitze, late un corazón sonoro cuya sangre va del amarillo al púrpura y brota en texturas transparentes.

 “Un sonido que se escucha con atención es algo muy parecido a un ser querido” anunciaron al comienzo. Ahora lo comprendemos, los ruidos son seres que emanan del cambio y del desplazamiento, los ruidos son jardines donde caminamos en intimidad casi siempre sin darnos cuenta.  ¿A qué suenan las semillas? ¿A qué suenan las piedras? ¿A qué suena un violín encima de un chelo? Rizomarx y GuapoDFde8Bits atienden a esta búsqueda en un dúo que se prolonga como suave sombra por nuestras emociones. Algunos encuentran temor y miedo. Otros, equilibrio y tranquilidad. ¿Qué son los sonidos sino plegarias dementes? ¿Qué son los sonidos sino rostros al viento?

En otro extremo de la sala vemos un puñado de sillas verdes, entre poliedros blancos y negros, cual tela de araña. Altaír de la séptima estrella está dispuesto a deshacerlo: el laberinto por recorrer comienza entre la gente que mira casi sin expectativas. Altaír sujeta la luz, una lámpara horizontal, y navega hacia el centro del cuerpo cuyo corazón ahora es un Djembé.  El sonido esculpe el cuerpo. La voz de Sísifo se degrada entre efectos y afectos capaces de comenzar nuevos trayectos. Neural Xólotl navega hacia una unidad de ruidos andróginos;  arrodillado frente a una tina nos mira absorto y vacío para inmediatamente comenzar a llenarlo todo de la existencia al desnudo, a tallar las palmas hasta chirriar, a recordarnos que la carne recuerda, que la carne no acalla mientras el agua se desborda y nos recita su canto tenue, inesperado.

El espacio, a su vez, está rodeado de la mirada Armstronguiana. Forastero amasa imágenes en las paredes y nos envuelve en una oscura retina donde se miran siluetas y se sienten imaginaciones. La sala también es un gran ojo que mira hacia dentro, una ventana subterránea. Entretener no, hay fines más sublimes: entretejer, entresentir y entreoir. No hay espectáculo, percibo un receptáculo de creatividades. Una indagación porosa poniendo en marcha la interlocución con el tiempo-espacio. Da igual que sean siete orquestadores o que seamos más de cien. Sin embargo Glitze, GuapoDFde8Bits, Rizomarx, Forastero, Altaír de la séptima estrella, Neural Xólotl y Sísifo nos convidan de sus puertas de la percepción y nos sitúan en una experiencia ontológica viajando entre burbujas.

Colocan nuevamente en nuestras manos un adminiculo creador de esferas, nos arrastran a ese otro jardín llamado infancia. La voz de una niña emana del fondo. En efecto: las articulaciones del sonido nos recuerdan que somos seres mutilados pero que también somos seres transitivos, tan absolutos como vacíos,  tan orgánicos como inanimados. La escucha es pues un don ambiguo, un don antiguo que aquella noche nuestros buenos compañeros de escucha, los liberadísimos Armstrongs, pregonaron en silencio pero a gritos. La comunión nos ha sido dada. ¡Larga vida a la escucha! ¡Larga vida a Armstrong Liberado!

Presentación completa: https://archive.org/details/edges_201707.

Radio Garden: transmitiendo desde todas partes

Durante la hegemonía de la televisión, misma que se extendió por más de medio siglo, la radio fue expulsada hasta los bordes de la comunicación de masas. Homo videns podía deleitarse ya con tecnicolor, subordinar la escucha a la imagen en movimiento, sentarse como estatua en un sofá. Pero, ¿los espacios periféricos son residuos o barricadas contra la centralidad? Guardo el recuerdo de mi padre, mi padre que siempre ha desvelado a la madrugada con café. Igual era el primero en despertarse. Cuatro horas bastaban. Tocaba la puerta del cuarto con los nudillos y, mientras nos íbamos descamorrando, muy lentamente surgían las voces de Tres Patines y Aníbal del Mar tallándose contra las gotas de la regadera. Era como el reverso del sueño. La Tremenda Corte, Gutiérrez Bibó, el fin de la infancia, los albores del neoliberalismo. La radio siempre nos permitió hacer varias cosas a la vez, al menos más de una cosa. La escucha como acto de simultaneidad. La radio como vértice del capitalismo, en su tiempo. ¿Su tiempo? Imagina a un ingeniero de audio enchufado a un manantial de luz. Imagina a un obrero que le da mantenimiento a las antenas. Imagina a todos los hombres modernos reunidos en torno a un fonógrafo roto. Piensa ahora en las estaciones de radio que se estaban extinguiendo, como sonidos, igual que cualquiera de los sonidos extintos que transmitieron. La frecuencia modulada, la banda ancha. El período de entreguerras. La guerra que nunca termina. En el pecho de un soldado muerto yace un signo. En el pecho de un campesino herido guardo una semilla. En el pecho de una mano hubo una montaña sin nombre. Internet es la fosa común de los datos, pero también es un túnel. La radio fue expulsada mas nunca enterrada tan hondo. Los túneles han socavado los suelos hasta crear vínculo entre periferias distantes. Quedaban las semillas de la radio que es una fruta partida. La mesa está puesta.

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Enrique Milpa (@rizomarx)

Tribunal del ruido III. BLANCO

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BLANCO. Enrique Milpa (2017). Acrílico sobre cartón. 25.5 x 19 cm.

Nota a pie de página: Octavio Paz escribió Blanco allá por 1966, un poema-mandala que admite al menos seis posibilidades de lectura. El criterio de apertura es estrictamente modular, por columnas, aunque en cada variante se enfatizan algunos de los típicos problemas pacianos: el erotismo, la palabra, la fenomenología de la percepción, etcétera. A continuación una séptima forma de leer Blanco, a partir de la selección de 19 versos al azar.

Esta noche

por la conjuración anónima

inaudita

Hay púas invisibles, hay espinas

me mira lo que miro

Inminencia de violencias violetas.

Silencio

caer en tu grito contigo

se desata se esparce árida ondulación

aparece

La pasión de la brasa compasiva

y el jeroglífico (agua y brasa)

subyecto y obyecto abyecto y absuelto

Tierra revientas

                boca de verdades,

El árbol nim que nos protege

sello

el trueno verde

El mundo

Enrique Milpa (@rizomarx)

Tribunal del ruido I. ROJO

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ROJO. Enrique Milpa (2017). Acrílico sobre cartón. 25.5 x 19 cm.

Nota a pie de página: Recuerdo una exposición de Cildo Meireles que hubo en el MUAC hace ya varios años. Había una instalación que me hizo enrojecer, por puro mimetismo. Se llamaba Quarto Vermelho. Consistía en una habitación moderna como cualquier otra, con la única diferencia de que todos los objetos en su interior eran rojos. La alfombra, los cuadros, las repisas, los muebles. Había un refrigerador en cuyo interior únicamente encontrabas jitomates, manzanas y botellas de salsa cátsup. Un ropero con prendas carmines, bermellones, escarlatas. Y en una esquina de alguna mesa yacía un ipod colorado con una lista de reproducción donde todas las canciones se llamaban “red”. Podías escucharlas si te colocabas los audífonos, no duraban más de diez segundos. Meireles asumía que las frecuencias del rojo son bajas, gravísimas. Pese a su estridencia, se trata de un color que nos relaja. Supongo que aquella lista de reproducción tenía grabaciones de ruido browniano (o ruido rojo). Me gustaría poderlas escuchar de nuevo pero con más atención y comprobar si, en efecto, se trataba de un fluir obscuro, pesado y profundo como la sangre; o un rumor antiguo, encarnado y delirante como el océano.

Enrique Milpa (@rizomarx)

Tribunal del ruido

La realidad es una metáfora de otra cosa aunque mi boca calle al decirlo. Según Baudrillard, la raíz del crimen perfecto se reduce a que nunca hubo culpable ni víctima ni móvil: la realidad es el crimen de la realidad. Si la realidad es real, es necesario que haya nacido muerta como la muerte verde de Ray Bradbury, que florezca antes de ser semilla, que se pudra en oropeles de sentido. No hay metáfora que no contenga su propio misterio, sus regiones clausuradas, su antimateria. Steiner establece en La poesía del pensamiento una correspondencia entre las actividades intelectivas y la disposición poética. La filosofía y la poesía, dice, persiguen las mismas verdades y para ello acuden a las tecnologías del lenguaje. Diálogos. Aforismos. Epístolas. Tratados. Plegarias. Autobiografías. Meditaciones. Fragmentos. Parábolas. A través de la historia abundan las estéticas del logos, como señala Christiane Schildknecht. El pensamiento embalsado añora causes para expresarse, busca su propia voz.

En física de partículas el modelo estándar establece que existen 18 quarks con seis sabores y tres colores diferentes. Estos parámetros no deben confundirse con la percepción que nos hacemos a través de los sentidos del gusto ni de la vista; se trata de magnitudes de cromodinámica cuántica para medir la interacción nuclear. La coincidencia de nomenclaturas es anecdótica, baladí. El sabor y el color en este caso son simplemente casillas que alojan variables tan arbitrarias como “arriba”, “abajo”, “extraño”, “encantado”, “fondo”, “cima”. Igual de arbitrarias que cuando decimos que algo es “dulce” o “solferino”.

Entre 1993 y 1994, el director polaco Krzysztof Kieślowski filmó su trilogía de la revolución francesa para repensar la  libertad, la igualdad y la fraternidad en el París de las postrimerías del siglo XX. Eligió los colores de las promesas incumplidas de la modernidad pero sobre todo eligió el número tres. Ya antes había elegido el diez con su decálogo. Tenemos una obsesión por los dígitos casi tan impetuosa como la necesidad de metáforas.

En esta semana Armstrong Liberado presenta una serie tripartita acerca del ruido, a manera de elogio a todas las estructuras disonantes (y sonidos desestructurados) que pueblan la realidad (y sus metáforas), así como un humilde homenaje al número tres. Habremos de colorear el ruido, literalmente. Se trata de tres pinturas y tres notas a pie de página tragando trigo en un trigal. Aunque no es nuestra intención responderlas, algunas incógnitas derivadas de este experimento son las siguientes: ¿Qué separa al ruido del sonido, además del orden mentado y la transgresión de patrones regulares? ¿El ruido es producto de la máquina, como dice Russolo, o los habitantes de Babel ya se comunicaban a través de gemidos y balbuceos? ¿Es la música ruido fatalmente domesticado? ¿El ruido proviene de una valoración sicosocial o estamos autorizados para hablar de la objetividad del ruido? Si encimamos cien sonatas sublimes, ¿se multiplica la belleza o se emplasta hasta perder sentido? ¿Quién decide lo que contribuye o contamina los paisajes sonoros? Como en el crimen perfecto, ¿será posible juzgar lo que nunca ha sonado, lo que nació siendo ruido antes de ser desordenado?

El método para generar la parte plástica de este tribunal consistió en pintar mientras se escuchaba de forma reiterada grabaciones con los tres tipos canónicos del ruido (ruido browniano, ruido rosa y ruido blanco) y hacer un esfuerzo por representar lo escuchado en formas cromáticas. Cuestionarse si existen sinestesias voluntarias puede servir de punto de partida. Llama la atención que en los tres casos el ruido se iba convirtiendo en un fondo absoluto pero sereno que se devoraba a sí mismo, como un uróboro invisible. Esto no significaba que los sonidos ambientales o los pensamientos adquiriesen mayor relevancia. Por el contrario, todo aquello que osara resonar se desbarrancaba inevitablemente hacia un centro olvidado. El ruido es un cráter.

Enrique Milpa (@rizomarx)

Thievery Corporation – The Temple of I & I (2017)

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Este fin de semana Armstrong Liberado recomienda oír The Temple of I & I, último disco de Thievery Corporation. Se trata de una muestra de toda la cadencia jamaiquina, entre girones de roots y dub, y un perfume a marihuana que inunda los vestigios coloniales de Port Antonio, la piel que transpira sales, ciudad de aceras rebeldes. Un disco acertado donde Rob Garza y Eric Hilton unen fuerzas con algunas de las voces más candentes de Jamaica.