De la trascendencia a lo efímero en la escultura

Por Gaber Lugo

E Iván Navarrete

 

Las formas escultóricas resultan ser de los pocos vestigios que tenemos  de civilizaciones pasadas, la trascendencia pareciera ser una idea innata a la escultura. Trascender implica atravesar un límite o pasar de un ámbito a otro. Y es una idea ligada a exponer al  hombre frente a lo sublime, que se refiere justo a encontrarnos con lo inabarcable. Aquello que nuestros sentidos no acaban de percibir y nuestros instrumentos no pueden  medir. En este caso la trascendencia implicaría, atravesar el límite de lo humano. Sin embargo la existencia individual se desarrolla en el lado opuesto, lo efímero de la existencia se gesta donde  nada permanece, todo se transforma. La tierra misma, junto con el sistema solar y la vía láctea permanecen en constante deriva por el universo, en la cual nunca volverán a estar en el mismo sitio en el que estuvieron en algún breve instante.

La naturaleza orgánica de la materia viva, la hace formar parte de un ciclo en el que materia y energía se transforman continuamente para dar paso a otros organismos y otras formas, un organismo vivo complejo renueva sus células constantemente. La continua transformación es antagónica a la permanencia,  sin embargo de igual forma que las leyes clásicas de la física rigen el universo observable, a la vez que la mecánica cuántica se enfrenta a aquellos fenómenos de lo inobservable, los valores plásticos que atañen a lo escultórico se comportan de forma similar, ya que a través de la historia la escultura se ha definido por un lado desde la permanencia como la búsqueda de la trascendencia y por el otro, desde el cambio constante hacia la valoración de lo efímero del instante.

En un principio el hombre optó por la utilización de elementos inorgánicos que le permitían la permanencia de sus objetos, el caso del uso de rocas que les facilitó localizar minerales específicos y finalmente la extracción de los metales. Ya que la estabilidad de estos materiales le han permitido hacer estándares históricos como el ‘metro’ creado en 1889 por la Comisión Internacional de Pesos y Medidas  los cuales en su momento se materializaron en un patrón de platino e iridio depositados en cofres situados en los subterráneos del pabellón de Breteuil en Sèvres, Oficina de Pesos y Medidas, en las afueras de París, los cuales reducían al mínimo las deformaciones causadas por factores ambientales tales como la temperatura y la humedad. Para después pensar en enviar cápsulas al espacio exterior con información básica de la cultura humana, como la grabación en audio con los saludos en varios idiomas y una selección de sonidos y música del mundo en un disco de oro, buscando llevar a un medio perdurable, lo efímero per se. Muy  probablemente los fósiles de la sociedad industrial sobrevivirán con apenas ligeras deformaciones por millones de años, sin embargo en seiscientos millones de años las condiciones de la tierra dejarán ser las propicias para el desarrollo del ciclo de la vida.​

En el transcurso de la historia podemos encontrar como se han  desarrollado los principios de la escultura, hoy en día coexisten  obras que van desde la búsqueda de la trascendencia hasta la exaltación de lo efímero,  como ejemplo de esto podemos ver un monolito de la mesoamérica prehispánica referente a Tláloc y Chalchiuhtlicue, que evocan el ‘agua’ como deidad, mientras que una escultura de Anish Kapoor puede tomar la forma de un remolino real evocando de igual forma la gran fuerza natural del agua. Y ambas pueden ser leídas desde lo escultórico, sin embargo de una sabemos que no podrán conservar su experiencia las futuras generaciones y la otra ya trascendió por siglos.

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Tlalóc, imagen tomada de: Salón México, película de 1948, fotografía de Gabriel Figueroa
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ANISH KAPOOR ‘Descension’, GALLERIA CONTINUA / San Gimignano, 2015. Tomada de: http://culturainquieta.com/es/arte/diseno/item/6913-un-oscuro-remolino-que-nunca-deja-de-atrapar-agua-en-un-abismo-insondable.html

Si bien es cierto  que el objeto puede trascender al tiempo ya que en determinadas condiciones a estos se les puede mantener al margen de la erosión u otro tipo de desgaste, tenemos que tomar en cuenta que también hay procesos naturales y sociales que pueden degradarlos.

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CÓMO EL DESIERTO SE COME A LA CIUDAD DE DUBAI. Tomado de: http://culturainquieta.com/es/component/k2/itemlist/search.html?searchword=Dubai&categories=46%2C47%2C48%2C49%2C50%2C51%2C53%2C54%2C55%2C56%2C57%2C59%2C88%2C89%2C90%2C91%2C92%2C93%2C94%2C95%2C96%2C97%2C98%2C99%2C114%2C115%2C124%2C125%2C126%2C127%2C129%2C130%2C131%2C132%2C133%2C134%2C135%2C136%2C137%2C138%2C139%2C140%2C141%2C142%2C143%2C144

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Hiroshima devastada por la bomba atómica, 1945. Fotografia tomada de: https://www.google.com.mx/url?sa=i&source=images&cd=&ved=2ahUKEwjXs_uEo5vcAhVClKwKHZvRAWsQjRx6BAgBEAU&url=http%3A%2F%2Fwww.nationalgeographic.com.es%2Fhistoria%2Fgrandes-reportajes%2Fbombardeos-hiroshima-nagasaki-wwii_10590&psig=AOvVaw0vSgpImSbaY835_Rt5IQai&ust=1531543563742828

Para pensar en la fragilidad de la trascendencia que puede alcanzar las creaciones humanas, basta ver esta imagen del desierto tomando la infraestructura de la ciudad de Dubai o de las imágenes de la ciudad de Hiroshima devastada por la bomba atómica.

Una realidad anacrónica

Podemos observar en un paseo cotidiano distintas épocas y visiones de lo que a sucedido en los procesos sociales. En la ciudad de México se observa cómo conviven vestigios de los ‘teocalli’ junto con la travesía frenética de los usuarios del transporte público. El metro Pino Suárez es un ejemplo, de esta visualización de lo que ya no se percibe, de lo que ha cambiado de significado y ha perdido el signo, en su relación con lo sagrado, en la transformación de entorno el objeto sagrado ha perdido o le han borrado la importancia de su existencia, hora puede llegar a ser un residuo de una cultura que fue físicamente sepultada para dotar a otra cultura usurpadora del espacio y el imaginario de la sociedad que ahí habita. Sin embargo ¿Qué sería sin su existencia? pues esta es definitoria en la identidad de la ciudad de México.

El caballito de Tolsá  ha sido de esas esculturas que han sufrido los cambios y transformaciones de la ciudad. Esta escultura es importante para América ya que es la primer escultura en vaciado que se hizo en América dentro de los territorios ocupados por la corona española. En su historia la escultura a caminado por la ciudad, desde la plaza mayor, patio de la antigua universidad, primera glorieta de paseo de la reforma, hasta llegar a la plaza Manuel Tolsá frente al MUNAL. En esta ciudad no es la única escultura que ha caminado a distintos sitios, algunas han desaparecido o terminado en propiedades privadas, como muchas de las esculturas que pertenecían a la Ruta de la Amistad, las cuales actualmente se están recuperando y restaurando. Esta transformación se ha dado con los cambios políticos y las formas en la que el monstruo denominado ciudad ha crecido.

La Doctora Patricia Langle en la cátedra que imparte en la Universidad Nacional Autónoma de México  describe con gran puntualidad como estas calles fueron creadas para que las carretas pudieran circular, y las personas pudieran realizar paseos a lo largo de sus trazos. Servían como espacios de encuentro y por lo tanto estaban significados por las esculturas, por ejemplo el Paseo de la Reforma describe el desarrollo de México desde la época indígena originaria, hasta la época contemporánea, notando que una palmera que se encuentra en la glorieta hablaría de la época en la que España usurpa las tierras del continente Americano, ¿Qué tanto dolor puede tener un pueblo que aún ahora no se atreve a representar esa época de su historia?

Por otro lado cabe también preguntarnos si un objeto que logra sobrevivir en su tránsito temporal y estar presente en el sitio hasta otro tiempo, ¿continúa siendo el mismo para lo que fue creado? La respuesta es realmente no, ya que su parte utilitaria se ha perdido, quedando así  como un significante de una época y una sociedad, pero su sola presencia contribuye a modelar el espacio-tiempo en el que se aloja.

El poder político tiene la capacidad de instaurar y sustituir discursos visiones sobre el grupo social en el que ejerce la fuerza, en algunos casos esto hace que la escultura pueda ser vista como un objeto no deseado, o al revés, una marca que da forma y estructura a la expresión cultural del grupo, lo que puede llevar a que muchas de las expresiones culturales vertidas en el objeto escultórico desaparezcan del sitio o sean atacadas como representación de una fuerza contraria que busca legitimar otra construcción de la cultura.

 

Un instante perdurable

Técnicas como el montaje, la construcción, la instalación y el uso de materiales perecederos forman parte del discurso escultórico desde siempre, sin embargo la fugaz presencia de estas expresiones las retiene en el olvido de nuevas generaciones. No es hasta la aparición de la fotografía y el video que se puede mantener un registro  documental de estos proyectos, adquiriendo así también una gran importancia el proceso de creación.

Ejemplos como las obras de  Christo y Jeanne Claude en las cuales tomaron  como unidades a estructuras arquitectónicas o naturales para convertirlas en masas escultóricas a través de la acción de envolverlas son obras que hablan de la aplicación  de una mirada escultórica del mundo, y de la trascendencia de la dimensión de lo escultórico, que hasta entonces se encontraba acogida por el espacio natural o el espacio arquitectónico y en estos casos esto se invierte.

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Christo and Jeanne Claude, rivisitazione con ombra Pietro Bomba per Diwali – Rivista contaminata, tomado de: http://www.rivistadiwali.it/svelare-velando-geremia-doria/

Otro caso por mencionar un  ejemplo es el artista argentino de Nicolás García Uriburu que en 1968 tiñó de color verde las aguas del Canal de Venecia al margen de la Bienal de arte que se celebraba en aquella ciudad, como una crítica al sistema del arte, además como una acción de reflexión ecológica y lo más importante es que visibiliza al agua, a través de la acción de colorear, como materia plástica y elemento simbólico que mediante la estructura fluvial construye la identidad de la ciudad.

Muestra García Uriburu

Nicolás García Uriburu, el artista que hace 50 años tiñó Venecia de verde, Fotografia tomada de: http://ritmoparana.com/web/nicolas-garcia-uriburu-el-artista-que-hace-50-anos-tino-venecia-de-verde/

Ambas piezas mantienen  el interés por el carácter  monumental de la escultura, pero sacrifican la trascendencia temporal por el impacto conceptual de las ideas. Por otro lado otras propuestas como la de Helen Escobedo, quien  se plantó en muchas ocasiones en el espacio público, trabajando en proyectos como el Espacio Escultórico en Ciudad Universitaria UNAM o la Ruta de la Amistad, con la pieza “Éxodos” (2009) curada por Graciela Schmilchuk, donde trabaja a escala humana y se coloca en el espacio de tránsito con la intención de hablar sobre los migrantes que dejan sus lugares de origen en busca de un futuro distinto,  eligiendo para esta obra el espacio frente a la sede de la Cancillería en la Ciudad de México, donde permanece solo por algún tiempo. Ya que la obra ya no se encuentra en el sitio para poder ser transitada,  funcionó de manera temporal para hacer uso de la significación de ese espacio, se montó en el espacio donde el diálogo podía ser entendido, el edificio se convierte en parte de la obra, en parte de la problemática y lo re-significa para después abandonar el sitio dejando un eco que resuena en el espacio, aunque el objeto que lo creó ya no esté.

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Algunas figuras de Helen Escobedo, elaboradas con retazos de tela, Merry MacMasters y Mónica Mateos. Fotografía tomada de: http://www.jornada.com.mx/2009/10/28/cultura/a04n1cul

Esto que sucede con las obras efímeras es similar a cuando desaparece una glorieta, ya que las construcciones que la circundanban, por el sólo hecho de haber existido continúan manteniendo la presencia de la glorieta, es un eco físico, que se complementa con la memoria colectiva.

El hecho artístico es una apuesta que refleja una proyección y un proyecto, que se define en los alcances espacio-temporales de su tiempo y de los artistas, limitado siempre por las condiciones interpretativas dadas por los elementos subjetivos y universales de las obras. Tal vez los elementos escultóricos más importantes que prevalecen entre la idea de la trascendencia y la exaltación de lo efímero es lo monumental de las ideas en sí y la acción transformadora que conlleva realizarlas, ambos ponen al hombre al límite de lo inalcanzable, lo sublime. Por otro lado el binomio trascendencia-fugacidad implica a ambas, lo monumental de una idea o de una obra y la intensidad expresiva o condición reflexiva de una acción transformadora, de ahí la importancia y el reconocimiento cuando se logra la valoración  de estas en la construcción de un lenguaje escultórico propio.

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