Partiturar el mundo (1/2)

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Clairaudience, not ear muffs.

Schafer

El método de la partituración del mundo consiste, de manera general, en hacer una lectura de los rumbos que tenemos a la mano como si leyéramos una pieza compuesta en tiempo real. No interesa demasiado la discusión metafísica sobre la viabilidad de un compositor trascendental. Damos por hecho que hay un mundo allá afuera y con él empezamos a partiturar, es nuestro punto de partida. A diferencia de la partitura clásica sellada con tinta (pentagrama abstracto preparado para ser interpretado en cualquier salón o época), el mundo es situacional. Nota: La realidad objetiva nunca se repite aunque se parece demasiado. Los estados mundanos son plataformas de equivalencias, permutaciones, arreglos. Eterno retorno que a fuerza de acumular metamorfosis nos devuelve a otros orígenes. Es por ello que conviene desistamos de transcribir el mundo con pigmentos indelebles; las partituraciones del mundo se escriben mejor con sangre.

El partiturador del mundo se parece al paisajista que inflama su mirada sobre el horizonte, ambos contemplan la desnudez de las cosas desde acantilados paralelos. En este caso, la raíz de la inflamación es la escucha: el partiturador incrusta su escucha en el paisaje hasta prenderle fuego. El partiturador no se comporta como un auditorio que aprehende los sonidos desde fuera, es otro objeto más de la ecología acústica. El viento que sacude al partiturador y arranca las hojas representa la misma fuerza. Prefiere reaccionar que actuar. Sus sonidos y silencios son una contribución al paisaje sonoro. Las partituraciones a las cuales nos hemos estado refiriendo dependen esencialmente de una refundación del mundo por el mundo, donde la función del intérprete se reduce a ser el afortunado vértice donde incuban el mundo y sus reflejos. Nota: Más que un diálogo inteligible, las partituraciones del mundo se asemejan a un balbuceo que se autoproduce instintivamente mucho antes de ser encajado en algún sistema lingüístico. No se trata tanto de responder como de redundar. Un excelente ejemplo de partituradores del mundo son las aves, su canto es un juego de espejos, un catalejo. Mantra de soles, su canto es una canción que amanece y atardece.

Las partituraciones del mundo son más abiertas que las partituras musicales, puesto que no se reducen a un sistema de signos decodificables culturalmente. Pese a ello, a veces es conveniente ordenar la experiencia en función de algunas variables. Para partiturar el mundo es necesario establecer parámetros que orienten la lectura del paisaje. En esta metodología la única orden que se le da al partiturador es la siguiente: Generar un código que asigne sonidos determinados a ciertas señales. Sonar como indica el código. Las señales habitan ya el mundo y cada paisaje tiene una semántica propia, basta con saber estar ahí. Las hay físicas (temperatura, color, humedad, aroma), ecológicas (frondoso, costero, espinoso, alpino), sociales (público, privado, rural, urbano), etcétera. La subjetividad del intérprete, sobre todo en lo que respecta a la apertura a la afección, es un componente esencial de la metodología que proponemos, así que también deben considerarse las señales interiores o psicológicas (nostalgia, ira, miedo, felicidad). Nota: Cuando se partitura hay que crujir como herejes en el centro de una hoguera. El método de la partituración del mundo es solidario con el presupuesto de que las artes no deben ser una actividad pasteurizada; es menester que el mundo desgarre con toda su belleza los nervios del partiturador, que su inmensidad lo aplaste y que se le meta por cada poro de su cuerpo. La partitura es simplemente un medio para acelerar esta debacle.

En la Partituración 1, por ejemplo, el código se reduce a una observación planificada tamizada por una escala binaria: a mayor altitud, el sonido debe hacerse más agudo; a menor altitud, el sonido se irá volviendo más grave. Como si se tratara del itinerario de una mirada, antes de ejecutar su pieza, el partiturador debe elegir una ruta coherente ordenando sus promontorios. En este caso hemos marcado dos rutas posibles: a-g y 1-5. Nota: Son inagotables las formas de escalar una montaña. Basta con salirse del sendero. Los volcanes con forma de escudo representan el modelo radial de ascenso. Otros páramos más accidentados obligan a sesear, lo cual multiplica las rutas probables.

Partituración 1.

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Las partituraciones del mundo también pueden ejecutarse a manera de improvisación, algo más cercano quizá al canto de las aves y otras partituraciones naturales. En la Partituración 2, concebida para flauta y djembé, cada intérprete eligió algunas claves de manera espontánea. El djembé (rojo) marca un golpe cada vez que aparece algún árbol (agudo si el árbol está lejos y grave si está cerca) y rasga de manera continua la textura del parche (con las uñas si el suelo está seco, con las yemas si hay pasto). La flauta (azul), por su parte, se ha concentrado únicamente en un trueno y discurre siguiendo el contorno de sus ramas y el patrón arborescente de su crecimiento. De hecho, el oscilograma de esta partituración visualmente representa la distribución de los árboles (rojo) a lo largo del espacio boscoso, y al mismo tiempo se empalma con tres regiones del trueno con abundante follaje (A, B y C):

Partituración 2.

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Por último, las partituraciones del mundo pueden ir de lo telescópico a lo microscópico. Hasta ahora hemos revisado ejemplos de escala intermedia en espacios abiertos, sin embargo, la región a partiturar puede ser tan cotidiana como un trozo de tela. La Partituración 3 está basada en la textura de una cortina. Concebida para guitarra, su código es muy simple: se intercalan dos acordes y se golpean cada vez que la mirada del partiturador cruza una línea bordada. En la imagen la flecha indica el trayecto ascendente.

Partituración 3.

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El método de la partituración mundana se encuentra actualmente en estado embrionario, de manera que algunos de los axiomas que hemos enunciado deben ser sujetos a revisión. Posteriormente publicaremos una continuación de este primer post exploratorio, con más materiales y experiencias que seguramente permitirán matizar lo que hasta ahora no es más que una obra negra.

Enrique Milpa (@rizomarx)

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