20 de julio de 1999, Revés/Yo Soy, Café Tacvba.

La motita-ganja corta y distribuye de modos distintos los flujos del juicio. Hoy que suceden ansias desquiciadas por una objetividad homogeneizante y vacía, para bloquear la producción singular de las apreciaciones, es necesario desactivar momentáneamente la percepción normal del mundo. Así surgen estas escuchas de álbumes aleatorios, realizadas durante las noches pandémicas. Si gustas, puedes leer algunos acontecimientos del año 1999 sin mayor motivo que el de vincular al álbum con su contexto, pero es prescindible, o no, o quizá te dé una nueva idea, o reavive alguna antigua: hablo sinsentidos. Recordemos que ese año ocurrió la cuarta visita de Juan Pablo II a México, y debido a su presencia, dejaron las calles de la Ciudad de México «limpia» de todo aquello que representara «suciedad social»: México, siempre fiel –excepto a lo excluido–.

20 de julio de 1999

Café Tacvba lanza un álbum que, hasta hoy, no aparece en los principales catálogos digitales –Spotify, YouTube Music, Apple Music–, aunque obtuvo el premio de Mejor Álbum de Rock en los Grammy Latinos del año 2000 –lo cual tampoco es importante–.

Un disco contemporáneo a la primera edición del Festival Internacional de Arte Sonoro en Ex Teresa Arte Actual –aquí pueden escuchar algunas de las piezas del festival en Archivos Equis Te (Mirna Castro + Radio Nopal + Ex Teresa Arte Actual)–.

Las canciones de este material no figuran en las presentaciones en vivo de la banda, y son pocxs lxs fans y el público en general que conocen o alaban algunos temas, más allá de 13 –que renombraron como «Revés»–, El espacio, o La locomotora.

Hoy, a sus próximos veintiún años, no mereció un homenaje por parte del grupo, como sí lo tuvieron Re o Avalancha de éxitos.

Warner, su disquera en aquélla época, terminó su relación debido al fracaso comercial del álbum: material sonoro premiado por cierto sector de la crítica, despreciado-borrado por el gran público y la industria musical, pero del cual un loop de veinticuatro horas de 13 –delirio inalcanzable con el que sueña más de unx compositorx transgresorx experimental–, fue utilizada para protestar por los abusos contra lxs empleadxs de la estación de radio Órbita 105.7 FM.

Café Tacvba sólo sacaría el álbum instrumental y experimental Revés, pero Warner les ordenó que apareciera material con el vocalista, debido a sus cualidades distintivas y porque representaba un gancho de venta, así que tomaron composiciones excluidas del famosísimo-alabadísimo-amado-por-lxs-fans, Re, para formar Yo soy: lo excluido que vislumbra senderos sonoros por experimentar.

Quizá la juventud y el público de 1999 no estaban listxs para escuchar la propuesta de Revés/ Yo Soy, o quizá en ese año nacieron quienes hoy a sus veintiún años logren comprender su mensaje. Por lo tanto, vale la pena prestarle escucha a un álbum que es a la vez premio y fracaso, pues es un mensaje que desconfigura los flujos de la normalidad, y que nos invita a pensar nuevos mundos: todo lo repulsivo para la mayoría y el mercado, es una posible línea de fuga.

Revés

¿Qué misterio hay en un setlist cuyos títulos aluden a números reales en aparente desorden, iniciales o puntos suspensivos? Es una invitación a contemplar la abstracción pura de canciones repletas de compases irregulares, contrapuntos esquizos de instrumentos tonales o de percusiones, pequeños guiños a sonidos de diversas músicas mexicanas mezclados con ritmos de la música electrónica experimental, melodías a veces sosas que terminan en intensidades impredecibles, creación de espacios sonoros contrastantes a partir de la mezcla de audio, uso de grabaciones de campo de ensayos de danza o de los sonidos del agua como música, premoniciones del glitch y la interrupción como material estético, una revisita acústica de las melodías principales del tema titulado 5 a cargo del Cuarteto de Clarinetes Arghül, la versión instrumental de La muerte chiquita –una canción de Yo Soy– a cargo de Kronos Quartet. Bajo la guía de estas canciones y sonidos es posible soñar un viaje de lo urbano a lo rural, de la electrónica a lo acústico, hasta desembocar en el silencio de quince segundos que compone la pieza (sí, así se llama la canción final de Revés: ).

Quizá una colección de piezas musicales como homenaje a Juan García Esquivel.

Estamos frente a un manual sobre el tiempo con bellos e intempestivos cambios armónicos. Colores múltiples y escenas diversas se suceden para conmovernos. 13, uno de los sencillos del álbum, usa como base un riff que es una suerte de palindromo musical, pues al tocarlo al revés se escucha casi idéntico, tal y como lo sugiere la letra de la canción y que, junto con 5, son las únicas en los que aparece la voz de los integrantes –sin poner al frente la del vocalista Rubén Albarrán–. Este fenómeno sucede con otras melodías del álbum –aquí puedes escuchar todo el álbum al revés: una experiencia sin duda interesante–.

En este sentido, hay un devenir menor por parte del grupo al retirar diversos elementos centrales de su propuesta –la voz de Albarrán–, y anular la presencia de letras que refieran a vivencias de la Ciudad de México, homenajes a obras literarias o canciones románticas, para exponer solo bloques de sonoridad que mantienen partes constitutivas de su consistencia aún al reproducirlas al revés, cualidad que se perdería si las canciones tuvieran letras grabadas de forma convencional.

Este álbum invita, por lo tanto, a invertir y expandir nuestro modo de escuchar a Café Tacvba. En nuestro contexto mexicano que tanto se inclina hacia las bandas de Occidente y del Norte Global como merecedoras de profunda atención, quizá sea de ayuda imaginar que nos colocamos unas nuevas orejas para escuchar a Café Tacvba como a una banda inglesa o gringa de culto: probablemente ese cambio en nuestra subjetividad aural nos precipite la apertura a la experiencia que nos ofrecieron hace dos décadas.

Un álbum que sugiere un modelo para armarse como se desee para escucharlo, o bien, a reproducirlo en modo aleatorio. Las posibilidades son diversas. Nos invita a revertir nuestra racionalidad, a invertir nuestra escucha y nuestros impulsos para el baile, pues tal y como lo enuncian en 13: «este ritmo se baila al revés.»

Yo Soy

Un setlist en donde se mezclan las palabras, una suerte de tags, canciones sin título –quizá el número sea el título, para conectarse con Revés–, y un uso creativo del soporte del Compact Disc: las canciones Árboles frutales y Bicicleta se numeran como fragmentos que van de los tracks 13 al 25 y del 26 al 51, respectivamente. Números, números, números como fragmentos que producen la ilusión de continuidades gracias a su devenir música.

Un ritual de letras antifascistas que invitan a inclinarnos por la vida, a conectarnos con el cosmos, a la anarquía, la rebelión: línea de fuga para ponernos orejas nuevas que se inclinen por las pasiones alegres a través de diversos ritornelos de voces o instrumentos que produzcan territorio en nuestras lágrimas.

Canciones sin versos pegajosos para la fiesta, ni para declaraciones amorosas, y sí para invitarnos a devenires que prevengan la devastación del mundo: las plantas que crecen como animales, el río que exige un basta ya, el odio al padre, el ave que observa la degradación del mundo debido al autoritarismo y la violencia de Estado, ser un polen que vuela, ser el cosmos, ser la muerte chiquita que da besos de tamarindo, nuestra transformación en una piel que percutan con violencia, simios que cantan, devenir dos niños. Este es un álbum cuyas letras se oponen al juicio de Dios, y que nos advierten sobre precipitarnos hacia la velocidad y sus posibilidades de muerte. Un álbum que canta proféticamente las atrocidades de las dos primeras décadas del Siglo XXI.

Aparece de súbito y en la lejanía el sonido del camotero en El Polen. El curioso sinsentido, que me hace pensar en una acción Fluxus o en un encuentro sexual peculiar, al brindarnos indicaciones para llegar a un departamento o lugar lujoso en Esperando. Una canción sin nombre de tremenda belleza y emotividad, y que es la novena de la colección: ¿podríamos vincularla con los múltiples significados e implicaciones que tiene el número nueve a nivel místico o musical: la Revolution 9 de The Beatles, el track 99 de Marilyn Manson, la novena sinfonía de Beethoven? Otra canción compara a la vida con el andar en bicicleta y, curiosamente, también tiene un breve silencio que brinda a la canción una intensa emotividad. Para finalizar el álbum, una canción nos invita a la lentitud y a un viaje por el cosmos.

¿Por qué lxs fans odiaron este álbum? ¿Por qué lo borraron? ¿Acaso deseaban otro disco más con letras sobre el amor romántico, con ritmos para bailar y brincar, con covers de música que gustaba a sus padres y madres? ¿Dónde reside el público para esta colección de canciones de brutal belleza y densos mensajes para subvertir esto que llamamos vida?

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