Tríptico I

Prefacio.

Queridxs lectorxs.

Les saluda Sísifo.

Esta semana he querido sustituir mi publicación bimestral por una serie de trípticos que se componen de un poema, una imagen y una canción o pieza musical.

La finalidad de estos trípticos es rendir un homenaje a los complejos tiempos que vivimos: al dolor y la invasión, al cansancio y la rabia, pero también a la lucha y la esperanza que se sostienen en las tierras de Venezuela; al neofascismo que atraviesa el pueblo de Brasil; a las migraciones masivas en las que pueblos y naciones van dejando su corazón en los distintos territorios por los que pasan; un homenaje a la confusión que vivimos en México, donde las fuerzas de transformación se entremezclan con el chillido de la muerte; a las diversas convulsiones de un imperio que agoniza; al coraje de Palestina; a los gritos combativos de Siria; a las heladas y las sequías que nos recuerdan, atentando contra toda nuestra soberbia, que sólo somos un pequeño retortijón en las entrañas enfermizas de nuestra historia.

Para terminar este prefacio, quisiera decir que varios de los poemas, imágenes y canciones que conforman estos trípticos, me han acompañado desde hace muchos años. Quizás por eso estén preñados de las palabras y las escuchas de maestrxs, amigxs y hermanxs cuyos pasos se confunden con los míos en la nieve.

A ellas, a ellos, va también este homenaje silencioso.


Tríptico I. Pas sur la fumée


Undécima Poesía Vertical

23

Los pensamientos a veces se convierten en humo
y nos envuelve como una insólita nube,
fatigada de imitar a las formas.

El yo escapa entonces
como un gas innecesariamente comprimido
y nos queda nada más que la fractura que somos,
este método furtivo y agobiante
para unir lo que no puede unirse de otro modo,
ya que sólo una grieta puede juntar lo que no existe.

Estamos habituados
a que los pensamientos regresen de ser humo,
pero nuestro yo,
que generalmente también vuelve,
se torna cada vez menos yo,
un demacrado vaho
que apenas si empaña los cristales,
una niebla en suspenso,
un vago ejercicio
de sostener el aliento del verbo.

El pensamiento nos traiciona
y el yo también nos traiciona.
Somos leves señales de humo
que tal vez no tejan ni un código.
Pero abajo, arriba o entre el humo
queda siempre la fidelísima fractura,
la grieta que nos fija en el abismo.

Roberto Juarroz


Ives Tanguy. Sin título, 1936
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