El sonido del espacio exterior

Observando el cielo en una noche calurosa y admirando el esplendor  de una luna nueva me preguntaba ¿Cómo sonarían las estrellas? Soy consciente que Platón y Carl Sagan ya se lo habían preguntado y escribieron sobre ello. Aún así, me puse a investigar acerca de los sonidos que se producen en el espacio y cómo se ha logrado reproducir esos sonidos para el oído humano.

Encontré un artículo bastante bueno y sencillo de comprender que aclaro muchas de las dudas que tenía acerca de este tema, espero que les guste. Además agregaré algunos links con los sonidos que la NASA compartió en Octubre de 2017 a través de la sonificación de datos, “…el término Sonificación puede definirse como la representación de la información usando el sonido sin voz, para facilitar la comprensión de los datos o los procesos de información mediante su escucha. También puede entenderse como la transformación de las relaciones entre los datos, en relaciones que se perciben en una señal acústica a los efectos de facilitar la comunicación o la interpretación de éstos (Asri e Ibrahim, 2014).”

La sonificación de datos también se podría utilizar para el tratamiento del cáncer:

Trabajamos con científicos para encontrar maneras de representar datos mediante diferentes sonidos y tonos, de manera tal que al escucharlos, se puedan identificar con mayor facilidad las diferencias entre las células sanas y cancerosas. En la investigación doctoral, se puede utilizar la sonificación para destacar los patrones en los escáneres cerebrales y así ayudar a predecir las convulsiones con suficiente antelación”, dice Domenico Vicinanza, PHD, GÉANT.

 

Luna
Luz de Luna por Glitze

A continuación les dejo el articulo y los links de audio para que viajen conmigo a través de los sonidos del espacio.

Los sonidos del Universo

“En el espacio nadie puede oír tus gritos”. Con este inquietante eslogan se publicitó el clásico del cine de ciencia-ficción Alien. Sus creadores dieron en el clavo: el sonido necesita de un medio material para propagarse, y en el vacío espacial no hay nada a lo que pueda agarrarse. Por este motivo, casi todas las películas del género –excepto 2001: una Odisea del espacio– cometen el error de obsequiarnos con explosiones y potentes rugidos de los motores de hiperpropulsión. Sin embargo, el silencio no reina en todo el universo. La sonda Huygens, que se lanzó el 14 de enero de 2005 hacia la superficie de Titán -el satélite de Saturno-, llevaba un par de diminutos micrófonos. Debido a que tiene una atmósfera densa, continentes y un mar de metano, Titán es un lugar bastante ruidoso. Los micrófonos de la sonda grabaron el ruido del viento a lo largo de las dos horas y media que duró el descenso. A pesar de la fortísima deceleración a la que se vio sometida -15 veces la de la gravedad terrestre-, la Huygens sobrevivió al impacto con el suelo y transmitió datos e imágenes de la superficie durante más de una hora. Así, pudo verse un paisaje anaranjado sembrado de rocas, posiblemente hechas de agua sólida y, cubriéndolo todo, una neblina de etano o metano. El micrófono tenía que registrar el sonido de un trueno alienígena. No hubo suerte.

Esta no es la primera vez que enviamos un micrófono a otro planeta. En 1999, NASA quiso hacer realidad el que sería el último sueño del astrofísico y divulgador Carl Sagan, que no era otro que grabar los sonidos de la superficie marciana. Para ello, instalaron un micrófono en la Mars Polar Lander, pero diez minutos antes del amartizaje se perdió el contacto con la sonda. A pesar de ello, la NASA no ha tirado la toalla y espera grabar en las futuras misiones que tiene programadas al planeta rojo el ulular del viento o los silbidos ametralladores de sus tormentas de arena. Obviamente, nadie pensó en dotar de micrófonos a la misión Apolo 11, salvo los necesarios para que Neil Armstrong pudiera pronunciar su famosa frase tras pisar el firme lunar. No hay que olvidar que nuestro satélite carece de atmósfera.

Venus es otro cantar, pues su denso envoltorio atmosférico lo convierte en un buen candidato sonoro, pero ninguna sonda ha introducido un micrófono en ese infierno, donde la temperatura es tan alta que funde el plomo. Los rusos afirman que en la década de 1980 llevaron uno que registró descargas eléctricas, pero nunca mostraron las grabaciones. Metidos a productores musicales, los astrofísicos no lo tienen complicado, ya que todos los planetas -y muchas lunas- del sistema solar cuentan con envoltura gaseosa, aunque la de Mercurio es muy débil. Pero un mismo ruido se oiría de forma distinta en función del sitio donde estuviéramos. La velocidad del sonido es diferente en cada planeta, y depende tanto de la composición de la atmósfera como de su temperatura. En la Tierra, el sonido se propaga a 340 metros por segundo en condiciones normales. Esto quiere decir que si un rayo golpea el suelo a 10 kilómetros de nosotros, lo escuchamos 29 segundos después. En la superficie marciana tardaríamos 44 segundos en oírlo, pues allí el sonido se propaga un 30% más despacio. En Venus, cuya atmósfera es mucho más densa, escucharíamos el trueno 24 segundos después de ver el rayo. Y para rapidez, la de Júpiter y Saturno, donde llegaría a nuestras orejas en sólo 12 y 13 segundos, respectivamente.

Si quisiéramos hablar en Marte -siempre y cuando pudiésemos respirar su letal atmósfera de dióxido de carbono-, lo tendríamos bastante complicado. Aun el grito más potente quedaría reducido a un leve susurro debido a su baja densidad atmosférica. De hecho, nuestra voz sonaría como si sufriéramos laringitis. Eso sí, los sonidos no nos parecerían tan diferentes como en la Tierra, y podríamos reconocer un gran número de ellos. La situación en Venus sería totalmente distinta. Con una presión atmosférica 90 veces superior a la terrestre -similar a la que encontramos a un kilómetro por debajo de la superficie del mar- el casi imperceptible murmullo de una biblioteca se convertiría en el ruido de fondo de una oficina. La próxima vez que encienda su equipo estéreo, muerda la mesa donde esté apoyado. Si se tapa los oídos, escuchará la música a través de los huesos. Algo parecido es lo que Nicholas C. Makris, profesor de ingeniería oceánica del MIT, ha propuesto para estudiar la superficie de Europa -una luna de Júpiter- que posiblemente tiene entre 10 y 100 kilómetros de hielo y bajo la cual se extiende un inmenso mar de agua salada. Su idea es una variante de las técnicas acústicas que se emplean para estudiar el hielo que cubre parte del océano Ártico. El método consiste en introducir micrófonos sensibles a las vibraciones debidas a los esfuerzos, compresiones y fracturas del hielo, que en teoría producirían un ruido de frecuencias entre 0,1 y 100 Hz.

El Universo es un inmenso órgano

Los cosmólogos han llegado a la conclusión de que el universo es como un inmenso órgano. Aparentemente, las galaxias se distribuyen como la materia de una esponja, dejando inmensos vacíos entre unas y otras. En 2002 el astrofísico Jaan Einasto, del Observatorio Tartu en Toravere (Estonia), descubrió que galaxias y vacíos se repiten cada 390 millones de años-luz y dan lugar a una estructura celular. Fue un hallazgo impactante. ¿Por qué existe ese orden? Una posible interpretación es que “el universo primitivo estaba lleno de ondas sonoras que comprimían y rarificaban la materia y la luz del mismo modo que sucede con el aire dentro de una flauta o una trompeta”, según explica el cosmólogo italiano Paolo de Bernardis. Si esta suposición es cierta, significa que los microscópicos murmullos generados cuando el universo tenía 300.000 años de edad hicieron que la materia se condensara y diera lugar a las semillas a partir de las cuales, muchos millones de años después, se formarían las galaxias.

Si comparamos el universo con un tubo de órgano, podemos decir que las estrellas se parecen a campanas. Por su superficie viajan ondas sonoras con las que los astrónomos intuyen lo que sucede en su interior. Esta peculiar rama de la astrofísica moderna se conoce con el nombre de astrosismología. La primera estrella donde se descubrieron estas débiles oscilaciones fue nuestro Sol. En la década de 1960 los telescopios solares revelaron que su superficie está recorrida por ondas acústicas parecidas a las de los terremotos, y estas vibraciones están relacionadas con las reacciones superenergéticas que tienen lugar en el interior de la estrella. La energía producida en el horno nuclear del Sol se transmite a la superficie por convección, el mismo mecanismo que hace que el agua comience a bullir cuando se hierve en un puchero: la materia caliente sube mientras que la fría baja. En el Sol las burbujas de gas ascienden a la superficie a una velocidad cercana a la del sonido. Por desgracia, no somos capaces de oír su borboteo porque no se propaga por el espacio. Y aunque estas ondas se transmitieran, no podríamos escuchar nada, pues su frecuencia se encuentra por debajo del umbral del oído humano. Lo que los científicos hacen es analizar cómo vibra esta campana cósmica, que proporciona una valiosa información sobre las condiciones físicas del corazón solar.

El Sol no es el único astro cantarín; en el resto de las estrellas también se genera el mismo tipo de oscilaciones. El problema es que son muy débiles y resulta difícil detectarlas. Fue en 2001, gracias a los astrónomos suizos François Bouchy y Fabien Carrier, del Observatorio de Ginebra (Suiza), cuando se observó por primera vez el tañer de otra estrella. Fue Alfa Centauri A, a sólo 4 años-luz de nosotros y visible a simple vista desde el hemisferio Sur. Sus medidas han demostrado que esta estrella, muy parecida a la nuestra, pulsa con un ciclo de 7 minutos. El paso del tiempo no sólo lo marca nuestro reloj.

Descubrimientos como estos han propiciado un curioso hermanamiento entre astrofísicos y músicos. ¿Por qué no convertir estos sonidos en melodías? Ese es el empeño de los integrantes del Stellar Music Project o del propio Brian May, fundador del grupo Queen, que abandonó su doctorado en astrofísica hace 35 años para liderar la mítica formación de rock.

Por si fuera poco, incluso la muerte de una estrella tiene su propia marcha fúnebre. En 2006, un grupo de investigación formado por astrofísicos del Observatorio Steward de la Universidad de Arizona, la Universidad Hebrea y el Instituto Max Planck de Potsdam (Alemania), descubrió que el sonido es el motor de las explosiones de supernova. Gracias a sus reacciones nucleares internas, en una estrella de este tipo se generan elementos químicos: oxígeno, nitrógeno, carbono, hierro… El final de su vida se acerca cuando en su interior se forma el hierro, ya que en las reacciones de fusión nuclear con átomos de este metal no se libera energía, sino que se consume. En esta situación, sin nada que soporte su propio peso, la estrella se desploma y se convierte en una supernova. La explosión es impresionante. Durante un par de segundos, este cuerpo celeste brilla tanto como mil millones de estrellas.

Pues bien, el equipo de astrofísicos ha desarrollado un modelo de ordenador que simula los últimos segundos de la vida de las supernovas, desde el colapso del núcleo hasta la explosión. Y han descubierto que el sonido rige su último estertor. Los cálculos indican que las estrellas moribundas pulsan a frecuencias sonoras audibles durante una fracción de segundo antes de reventar. “El núcleo más interno empieza a vibrar vigorosamente y, tras 700 milisegundos, la oscilación se hace tan intensa que empieza a generar ondas sonoras de frecuencias entre 200 y 400 Hz, situadas en una octava media de la escala. Estas ondas refuerzan la onda de choque creada por el colapso de la estrella, que acaba por explotar”, explica uno de los investigadores, Adam Burrows.

Definitivamente, aunque en el espacio no se puedan escuchar nuestros gritos, el sonido gobierna muchos de los procesos más increíbles del universo.

Miguel Ángel Sabadell

https://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/los-sonidos-del-universo

Asri, A., & Ibrahim, A. (2014) “Sonification of 3D Body Movement Using Parameter Mapping Technique”. In 2014 International Conference on Information Technology and Multimedia (ICIMU), pp. 385-389.

Ahora el link con los sonidos de la NASA

 

http://www.konkoly.hu/staff/kollath/stellarmusic/

 

¡Liberemos a Armstrong!

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