Sonidos prohibidos: Paisaje sonoro de 2 cines porno en la CDMX

Mientres lees este post, te invito a escuchar las grabaciones de Cine Savoy y Cine Venus:

Antes de comenzar, quiero mencionar que esta experiencia surgió como propuesta de grabación durante el taller que impartí en la UACM Plantel Centro Histórico: «Ventanas al paisaje sonoro urbano: a su escucha, grabación y producción». El deseo por grabar cines porno fue idea de Alejandra «Pichón» Rosas. Es interesante señalar que ambos asistimos a los dos sitios para realizar las grabaciones, sin embargo, a ella le fue prohibida la entrada tanto al Cine Venus como al Savoy, debido a que ésta sólo se permite a hombres; cabe mencionar que en ambos cines, la persona que vende las entradas suele ser una mujer. Al prohibir una presencia, en consecuencia se prohiben todas sus posibles sonoridades y resonancias. No obstante, al interior de ambos cines se proyectan películas de sexo entre mujeres y hombres, en las cuales el papel de las primeras es producir sonidos de forma constante para puntualizar el placer sexual: gemidos, palabras que inciten a mayor intensidad en los movimientos, alabanzas a las vergas gigantes tan exaltadas por la pornografía, etc.

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Figura 1. Cine Savoy, en otras épocas.

Bajo esta lógica, el cine porno establece una política de exclusión muy peculiar. Aunque impide la entrada a una mujer, en su interior se proyectan imágenes que la cosifican ante la mirada de hombres que buscan contacto con otros hombres. Por otro lado, es curioso que el Cine Savoy tenga en la planta baja una sala donde se proyectan películas con hombres y mujeres, mientras que en la planta alta se muestran películas de sexo entre hombres; en el Cine Venus sólo se proyectan películas entre mujeres y hombres, ante un público masculino que busca el contacto sexual con otros hombres. Es mucho más curioso que la sala de abajo del Savoy esté más llena que la de arriba, aunque en su interior ocurran contactos sexuales entre hombres ante la proyección de una película heterosexual. ¿Qué nos dice eso de la sociedad mexicana en torno a la homofobia interiorizada, a la culpa, y a la vergüenza? Esta pregunta la dejo abierta. Sin embargo, estoy hablando desde la visualidad, y mi interés es más bien exponer mi experiencia desde la escucha.

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Figura 2. Cine Savoy, foto más actual.

Es lamentable que los sonidos no escapen a las imposiciones morales de una sociedad. Nuestro exacerbado puritanismo impregna a la escucha, y de ahí construye distinciones entre sonidos correctos e incorrectos. El eructo, la flatulencia, los movimientos intestinales, el bostezo, entre otros, se convierten en sonidos que han de contenerse en bien del adecuado funcionamiento de la convivencia social. Son sonidos que colorean la piel, que la sonrojan, como si fuesen una alerta, la emergencia de un estado de alarma. De todos esos sonidos, los gemidos se colocan también en un lugar incómodo. ¿Por qué gemimos? Pareciera que el gemido es una producción sonora que se genera como efecto de tensiones excesivas dentro del cuerpo: se gime como parte de un alivio, o de un dolor, excesivos. Gemir es una resonancia puramente afectiva. El sonido de la respiración se modifica en función del estado del cuerpo: un cuerpo doliente no respira igual que un cuerpo en regocijo, un cuerpo impregnado de melancolía no respira igual que un cuerpo ardiendo en furia.

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Figura 3. Cine Venus.

Dentro de los cines porno, uno de los primeros sonidos en hacerse presente es el de las respiraciones afectadas por el placer sexual. Sin embargo, tales vocalizaciones no provienen del público en la sala, sino de la película en turno. En la sala, aunque ocurren múltiples formas de contacto y seducción sexuales, hay una suerte de silencio que desea romperse, pero no encuentra un camino hacia el alivio. De ahí que los sonidos al interior del paisaje sonoro de estos cines porno, podríamos clasificarlos como sigue:

  1. Sonidos mediados tecnológicamente: todo lo proveniente de la película en turno, así como algunos teléfonos móviles y sus tonos de llamada o mensajes.
  2. Sonidos humanos: pasos, leves respiraciones, jadeos, cuchicheos, braguetas abriéndose, cinturones desabrochados, roce y choque de cuerpos, pláticas sobre temas cotidianos, rechinidos de las butacas por la actividad sexual, ronquidos.
  3. Sonidos de la naturaleza: no se presentan.

Me llama la atención que los gemidos producidos por hombres no son una gran presencia sonora. ¿Qué nos dice esto sobre las políticas del sonido dentro de la actividad sexual humana? En específico, ¿qué nos dice sobre la sonoridad de la sexualidad masculina? ¿Cómo es que los hombres aprendimos a callar en el sexo? Si el cine porno es un lugar que se presta al anonimato, ¿por qué se guarda silencio? Ha de aclararse que, por lo menos en el Savoy, de repente pasa un hombre caminando con una lámpara, y es como si esa luz transformase al espacio en un cine común, pues todos vuelven a sus asientos, o se finge que no pasa nada. Una vez que la luz se va, todo la actividad sexual vuelve. ¿Es esto un símbolo de la conducta sexual entre hombres en México? Esto es, ¿es el contacto sexual entre hombres algo que aún debe mantenerse oculto, en silencio, como un susurro, secreto, en semi-oscuridad, y bajo la enorme presencia-luz audiovisual de las ficciones del heteropatriarcado?

El silencio en estos contactos es ensordecedor. Hablemos más bien en términos de vibraciones. Si aceptamos la idea de que todo vibra, y que la respiración es un sonido-vibración que comunica el estado afectivo de un cuerpo, sea entonces la respiración un sonido tan tenue, pero producido por decenas de cuerpos al mismo tiempo, que termina por crear un espacio lleno de vibrante excitación sexual. Sin las palabras, sino sólo con el tacto, la mirada, el movimiento y la escucha, se comunica el deseo, o el rechazo, por entrar en contacto sexual. El cine porno es un espacio de vibraciones corporales que ansían volverse sonido: caricias, gemidos, golpeteos de cuerpos contra otros cuerpos. Al hacerse tales sonidos, se halla el alivio, el placer, el goce, la excitación de un contacto fugaz y posiblemente anónimo.

En este sentido, el paisaje sonoro del cine porno nos abre la puerta a una parte de la construcción de la subjetividad masculina en México. No es el objetivo de mi post la reflexión en torno a la misma, sino que más bien dejo a quien me lea la invitación a escuchar las largas grabaciones y, después, escribir sus reflexiones en torno a que le dicen éstas sobre la masculinidad en la CDMX.

Por otro lado, quisiera abrir una línea de posibilidades hacia la revolución a partir de lo sonoro. Félix Guattari (1992/1996) afirma que las transformaciones sociales pueden ocurrir a niveles moleculares, esto es, por la modificación de prácticas sociales al interior de las instituciones, o bien, de los espacios colectivos. Bajo tal premisa, me pregunto si el cine porno, a la vez que representa una forma de la máquina universalista, pues reproduce los clichés del heteropatriarcado, tenga la posibilidad también de hablarnos sobre una posible línea de fuga, de liberación. ¿Cómo podría lograrse ese objetivo? ¿Cómo podríamos liberar a ese espacio de su estatismo? ¿Será necesario? ¿O será que debe seguir como un espacio en cuyo silencio se encuentra un deseo de libertad sepultado por los castigos sociales hacia el contacto sexual entre hombres? ¿Qué hay de cines porno donde se excluya la presencia masculina? ¿Existen? ¿Habrá que producir fugas a los clichés del cine porno en la CDMX, y así abrirle el paso a todo ese cúmulo de vibraciones, de flujos de intensidades, que se congregan en un espacio silente? Que sea entonces el contacto sexual entre hombres, entre mujeres, entre hombres y mujeres, o entre todas las posibilidades de la erotización corporal, una celebración y un festejo a partir de las vibraciones y los sonidos de profundos afectos.

NOTA: Si deseas saber un poco más sobre la historia de ambos cines, da click aquí.

Referencias.

  • Guattari, F. (1992/1996). Caosmosis. Buenos Aires: Manantial.
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