La máquina de grietas

Screenshot - 08082017 - 16:08:03

iDrone, expuesta en el CompArte digital

¿Es posible otro internet, o sea otra red?

¿Se puede hacer Arte en la red?

¿El Arte en, por y para la red banaliza la lucha y la trivializa, o la potencia y escala, o “nada qué ver, mi buen, es arte, no célula militante”?

¿Puede el Arte en la red arañar los muros del Capital y herirlo con una grieta, o ahondar y perseverar en las que ya hay?

Estas son algunas de las preguntas con las que el EZLN convocara a la edición cibernética del CompArte: diálogo entre artistas y anartistas, hartistas y artesanas que se sienten interpeladxs por la lucha zapatista… o por la lucha social global a la que el movimiento zapatista se suscribe.

¿Cómo no sentirnos interpeladxs por tal provocación, si en tantas ocasiones hemos insitido en la necesidad de generar un movimiento artístico alternativo, concretamente uno que haga uso de las herramientas tecnológicas y los principios filosóficos, económicos y pedagógicos del llamado software libre? ¿Cómo no darnos un momento para responder a las preguntas que irrumpen en la Red en momentos tan saturados de campañas mediáticas

Hasta cierto punto sorprendidos por la alegre co-incidencia de agendas y provocaciones, saludamos al CompArte, muy a nuestra manera, con una suerte de dossier que en este caso se conforma de apuntes marginales: notas o tachones, bocetos e ideas inconexas, de esas que se escriben sobre los textos en proceso cuando sabemos que algo tiene que cambiar, pero no sabemos exactamente cómo, cuándo ni por qué.


Tratado de grietología, o la Máquina de grietas

A costa de que se nos acuse de eurocéntricos, o mejor aún, de “posmos”, de “clisés” o de “innecesariamente complejos”, hemos de referirnos a Deleuze y Guattari, particularmente a su Tratado de nomadología, conocido también como la Máquina de guerra. Y hemos de vincular esa máquina de guerra con el llamado zapatista a agrietar los muros del capital: con su llamado a arañar, herir, resistir un modelo de Estado que resulta nocivo a la vida social.

Dicen los franceses: “La situación actual es sin duda desesperante. Hemos visto a la máquina de guerra mundial constituirse cada vez más fuertemente… la hemos visto asignarse como objetivo una paz quizá todavía más terrorífica que la muerte fascista; la hemos visto mantener o suscitar las más terribles guerras locales como formando parte de ella; la hemos visto fijar un nuevo tipo de enemigo, que ya no era otro Estado, ni siquiera otro régimen, sino el enemigo indeterminado” -léase, por ejemplo, el ciudadano común que pretende subvertir el orden y las leyes del mercado global.

Dicen loas chiapanecoas: “Para nosotras, nosotros, pueblos originarios zapatistas, la tormenta, la guerra, lleva siglos. Llegó a nuestras tierras con la patraña de la civilización y la religión dominantes… En ese entonces, la espada y la cruz desangraron a nuestra gente. Con el paso del tiempo, la espada se modernizó y la cruz fue destronada por la religión del capital, pero se siguió demandando nuestra sangre como ofrenda al nuevo dios: el dinero”.

Responden los franceses: existe otro polo “que es el de la esencia, cuando la máquina de guerra, con ‘cantidades’ infinitamente inferiores, tiene por objeto, no la guerra, sino el trazado de una línea de fuga creadora, la composición de un espacio liso y el movimiento de los hombres en ese espacio. Según este otro polo, la máquina encuentra la guerra, pero como su objeto sintético y suplementario, así pues, dirigido contra el Estado, y contra la axiomática mundial expresada por los Estados” (Mil mesetas, p.421-22).

Loas chiapanecoas agregan:  “Como zapatistas que somos, nuestra memoria también se asoma a lo que viene. Señala fechas y lugares… Si no hay un punto geográfico para ese mañana, empezamos a juntar ramitas, piedritas, jirones de ropa y carne, huesos y barro, e iniciamos la construcción de un islote, o más bien, de una barca plantada en medio del mañana, ahí donde ahora sólo se vislumbra una tormenta… Y si no hay una hora, un día, una semana, un mes, un año en el calendario conocido, pues empezamos a reunir fracciones de segundos, minutos apenas, y los vamos colando por las grietas que abrimos en el muro de la historia… Y si no hay grieta, bueno, pues a hacerla arañando, mordiendo, pateando, golpeando con manos y cabeza, con el cuerpo entero hasta conseguir hacerle a la historia esa herida que somos” (El muro y la grieta, s/p).

Por esas co-incidencias, por esas voces que viniendo desde distintos tiempos y geografías parecieran conformar un mismo “arañazo”, hemos trastocado el concepto deleze-guattariano de la máquina de guerra para trazar en nuestro plano una “máquina de grietas”. Nos interesa, sobre todo, remitirnos a la noción de la línea de fuga: del rayón que se desvía, de los surcos y las grietas que se generan sobre el papel.


La red y la grieta

El nacimiento del internet tiene fechas inciertas. Algunos marcan sus inicios en proyectos como Arpanet -aquella red de ordenadores generada por la milicia estadounidense hacia los tiempos ya lejanos de la década de 1960-, y otros piensan que es hasta el surgimiento de la llamada World Wide Web cuando podemos hablar propiamente de internet.

No nos interesa de momento debatir orígenes históricos, sino señalar una contradicción inhenerente a La Historia y las historias de esta extraña tecnología: por una parte, la inter-red fue producto experimentos militares que buscaban fortalecer los poderes del Imperio, y por otra parte se deriva de iniciativas ciudadanas que buscaban subvertir los mecanismos del Poder. Entre milicia y movimientos sociales, y para colmo un mercado neoliberal que reduce al internet a un enorme escaparate, es difícil responder a las preguntas zapatistas:

¿Es posible otro internet, o sea otra red?

¿Se puede luchar ahí?

¿O es que ese espacio sin geografía precisa, ya está ocupado, copado, cooptado, atado, anulado, etceterado?

¿La Red es un espacio de dominación, de domesticación, de hegemonía y homogeneidad?

¿O es un espacio en disputa, en lucha?

En contundente decepción para quien espere resupuestas concretas, hemos de conformarnos con prender otro cigarro. Reflexionar. Dibujar un par de puntos en nuestro cuaderno maltratado. Hacer sonar las grietas de nuestro ruido des-preciado.

Nos vigilan. Nos controlan. Nos convierten en engranes de un mercado (des)informativo, en códigos de barra y en acciones financieras. He ahí la “red libertaria” que los hackers aplaudieran hace escasos veinte años. Pero al mismo tiempo, no podemos negar las redes solidarias que se tejen en la web, y el CompArte digital es una clara muestra de ello.

Desde las montañas del rupestre internetario, dedicaremos la semana a CompArtir nuestras reflexiones sobre la lucha cibernética que tiene el arte y la creación como flancos de batalla.

Que se encienda la máquina de grietas.

 

 

 

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