Mi nombre es Baschet

Iván Navarrete

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Mi nombre es Baschet fue una activación de la pieza Monumento de percusión de los hermanos Baschet (1964) como cierre del taller de artista Escultura Sonora, Baschet. Construcción e improvisación coordinado por Yeimi Roa e Iván Navarrete, realizada el pasado 29 de junio dentro del marco de la exposición Reverberaciones. Arte y sonido en las colecciones del MUAC. Una exposición cuya curaduría fue realizada por Pilar García y Marco Morales.

El taller formó parte de la última etapa del proyecto de restitución sonora de la escultura sonora de los hermanos Baschet, un proyecto que coordiné como parte del Grupo Interdisciplinario de Experimentación e Investigación en Escultura Sonora (GIEIES) de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) en colaboración con el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y el Taller de Escultura Sonora Baschet de la Universidad de Barcelona (UB), el cual contempló la restauración física y conceptual de la obra de los hermanos franceses perteneciente al Acervo Constitutivo de la colección del MUAC.  

“El taller tiene como objetivo conectar de dos maneras específicas a la obra con los participantes: una manera sensitiva  a través de sentir y tocar la obra, y de manera más puntual y conceptual al permitir entender lo que implica tener una pieza de esa índole en el museo y en México” señala  Yeimi Roa en el Proyecto Taller de Artista| Escultura sonora Baschet. Construcción e improvisación.

Bajo estas premisas nos encontramos con dos problemas fundamentales durante el desarrollo del taller: La primera tiene que ver con el ‘Play’ y el ‘Touch’ que funcionan de forma confusa  para una escultura sonora como esta. La primer dinámica del taller se llamó Déjame guiarte, la cual  consistió en que uno de los participantes, con los ojos vendados, exploró mediante el tacto la escultura, siguiendo una serie de instrucciones enunciadas por un guía. Tal acción con el cometido de indagar en cada parte de la obra: sentir los detalles más pequeños con las manos. Después el guía activó la obra para que su pareja la escuchara y posteriormente se invirtieron los papeles. Esta actividad dejó ver el sentido ambiguo del concepto ‘tocar’ en el español ya que al ser una escultura sonora, la mayoría de los participantes del taller se decantaron por el ‘play’ de la ejecución musical, mientras que realmente el sentido de la dinámica era hacer uso del ‘touch’, es decir, palpar una pieza de museo parte del patrimonio de la universidad como una experiencia inusual ya que no está permitido.

Mientras esto sucedía, otro asunto se hizo evidente: la dinámica ocurrió en la sala 9 del MUAC cuando un grupo  numeroso de alumnos de preparatoria realizaba una visita guiada a la exposición y justo al iniciar, momento en que los participantes del taller empezaron a tocar la pieza, los encargados de seguridad de la sala se acercaron a darnos la instrucción de que no era posible ‘tocar la pieza’ ya que únicamente los ‘enlaces’ del museo eran los autorizados para hacerlo. Cuestión que de momento se resolvió hablando con las autoridades correspondientes explicando que era parte del desarrollo del taller y que existía un proyecto escrito para ello. Sin embargo, esta situación se repitió en la segunda sesión evidenciando una falta de comunicación dentro de las áreas respectivas del museo. Además cabe mencionar que aquí se hizo evidente la confusión en la manera de tocar la pieza, ya no se puede tocar con baquetas por enfrente, y por atrás es distinto. Por lo que es de discutirse cuando se usan las manos o algún otro instrumento.

Sin embargo, ¿Qué pasó con el ‘favor de tocar’ que acompañó al Brontosauro (nombre coloquial de Monumento a la percusión) en la exhibición en el Museo Universitario de Ciencias y Artes (MUCA) en 1966? En aquel entonces, según los documentos del expediente Baschet del centro de documentación Arkheia, se organizaron activaciones para el público en general en dos horarios de 12  a 13 hrs y de 17 a 18 hrs y Francois Baschet daba una guía por la exposición de 11 a 12 hrs, cabe recordar que las bases de la obra de los hermanos Baschet fueron la forma, el sonido y la participación. Sucede que por motivos de conservación el museo decidió retirar al público general la posibilidad de activar la pieza a una semana de iniciada la muestra. Detalle que no pasó desapercibido, generando notas como la de Verónica Brujeiro en el articulo: Lo sonoro permanece: Reverberaciones: arte y sonido en las colecciones del MUAC “… la exhibición recibe al público con la parte dedicada a la escultura sonora, que invita a la interacción directa del público, como uno de los preceptos de los hermanos Francois y Bernard Baschet (1917-2015), cuyo Monumento de percusión. Estructura musical (1964) curiosamente ostenta la prohibición consabida del “No tocar”. 

Este asunto, que parecería simplemente del orden de la gestión museística, llegó más allá dentro del desarrollo del taller, la tensión generada en el momento ejercer la restricción misma por el equipo de seguridad de la sala, incidió directamente a quienes participamos en el taller y el rumbo de éste.  El objetivo primordial era detonar procesos creativos en los participantes a través de las prácticas como la construcción y la improvisación generadas a partir de la escultura sonora. Centrándonos en la revisión sensitiva y conceptual de la pieza fue necesario revisar la situación actual de  ésta y así cuestionar el por qué una pieza participativa debía de exhibirse ahora, a la sombra de la reciente muerte de los hermanos Baschet, como un documento de lo que alguna vez fue la propuesta de estos revolucionarios artistas, cuando fue sometida a un proceso de restauración que le permite volver a mostrarse en su esplendor de forma, sonido y participación.  

Bajo esta reflexión cada participante del taller debía construir su propuesta individual con miras a aportar a un trabajo colectivo a presentarse al final del taller, esto evidentemente relacionado al interés y trabajo individual de cada uno. Un proceso de diálogo y discusión que se fue generando durante las seis sesiones del taller,  que parecía culminar con la pieza Mi nombre es Baschet que los chicos presentaron ante las autoridades del museo, quienes nos confirmaron la excepción de permitir la activación del público general durante la hora y media de la presentación de resultados. La propuesta consistía en una acción crítica a la circunstancia de exhibición de la pieza en donde ellos fungirán como ‘enlaces’ (estarían uniformados y portarían un identificador con la leyenda “Mi nombre es Baschet”) e invitarían al público a participar de la pieza, pero mientras otros de ellos, de igual forma uniformados, los confrontarían al no dejar al público realmente activar la pieza, recordando aquel momento de tensión.     

Sin embargo, ante el intempestivo cambio de parecer de las autoridades del museo, el cual hicieron saber mediante un correo un día antes de la presentación ya anunciada y difundida en redes sociales, los coordinadores  tuvimos que replantear la situación. De esta manera se decidió que no se avisaría a los participantes hasta la mañana siguiente, ofreciéndoles una alternativa de presentación, ya que creímos que era importante utilizar dicho espacio como foro de expresión y ver la manera de abrir la discusión más allá del espacio del taller.

De esta forma fue que el día de la sesión Mi nombre es Baschet se realizó una clase abierta al público con la participación de los ‘enlaces’ también como espectadores. Dentro de la sala de Reverberaciones la dinámica consistió en que, dentro del marco de lo permitido, se realizarán ‘acciones críticas’ en relación a la situación de la pieza, el contexto del taller y  Reverberaciones, la naturaleza de las ‘acciones críticas’ sería construirlas a partir de los procesos ejercitados en el taller (construcción o conceptualización colectiva) y mediante la improvisación como estrategia.

De tal forma, a continuación enunciaré las acciones celebradas en dicha sesión, esperando no errar o contaminar demasiado con la interpretación de las mismas, sin embargo creo necesario aplicar una lectura de dichos actos, para el lector que no estuvo presente mientras se realizaban:

Di inicio la sesión con la intención de abrir la reflexión y ejemplificar de algún modo la ‘acción crítica’ con la ejecución de 4’33  para Monumento de percusión, usando de partitura la hoja de sala con la leyenda “Favor de NO Tocar” 4’33 y así trayendo a colación la obra silenciosa de John Cage. Estuve frente a la escultura sonora de los hermanos Baschet con las baquetas desenfundadas durante los cuatro minutos treinta y tres segundos, que la pieza requiere, mostrando a la escultura como ese objeto de deseo que tiene ese potencial sonoro, que entra en conflicto  en el espacio del museo. La siguiente acción realizada por Andrea Sánchez fue un diálogo, ella encontró entre sus cosas un globo, el cual usó para dárselo al público, al inflarlo y controlar el flujo de aire el público iniciaba un diálogo con la escultura que ella ejecutó, así mediante el sonido que supera la materialidad de las cosas, ella generó una interacción real entre el público y la pieza.   Cesar Villegas fue uno de los participantes del taller que por iniciativa se adentró en la construcción escultórica, creando una pieza sonora partiendo de la observación de las estructuras Baschet y en su acción llevó a cabo un diálogo entre su escultura y el Brontosauro de los Baschet, que uno de sus compañeros ayudó a ejecutar, diálogo que  fue llevado a su término mediante el des-arme de su escultura, la cual cayó cuando perdió todo punto de apoyo, los Baschet siempre vieron con buenos ojos que se generarán cosas a partir de lo que ellos hacían ¿hasta dónde se puede avanzar o detener esta premisa? Después sucedieron dos acciones simultáneamente la de Yeimi Roa, coordinadora también del taller, quien al no estar uniformada apeló a la desobediencia civil bajo un acto de rebeldía: De la hoja de sala creada para la primer acción con la leyenda “Favor de NO tocar” rayó y con ello anuló de forma evidente el ‘NO’ quedando la leyenda “Favor de (NO) Tocar” regresando así a la premisa fundamental de los Baschet,  dejando entrar en la discusión el asunto de por qué sólo los asistentes al taller que pagaron por el mismo y los ‘enlaces’ que prestan sus servicios al museo pueden tocar una pieza que requiere y fue pensada para la activación del público.  Mientras tanto, sucedía la acción de Tania Morales, para la cual requirió del apoyo de una de las ‘enlaces’ a la cual le pedía, mediante instrucciones precisas, que tocara de tal o cual manera la escultura sonora, con un grado de precisión digno de una exploración sonora minuciosa o de un compositor musical, de esta forma se aplicaba una de las formas de desobediencia, que el espectador podía aplicar para interactuar con la obra, sin tocar la pieza.  Dos acciones más de los participantes del taller se realizaron: la de Lucía Rodríguez quien es productora de escultura en vidrio quien hizo uso de este espacio jerarquizado por la institución para entrar en un diálogo unipersonal entre ella y la pieza haciendo uso de sus objetos de vidrio, evidenciando el espacio individualista al que se había sometido la pieza. Y la última acción de Carlos Arteaga quien usó una de las varillas inferiores de la escultura Baschet para reventar el globo que su compañera Andrea utilizó anteriormente. Ambas acciones dejaron un ambiente desolador ante la realidad, que se mostraba al final de la activación y el regreso a la normalidad que tiende a transcurrir.    

Sin embargo, cuando se estaba agradeciendo las participaciones y la asistencia se escuchó de entre los espectadores la voz de los ‘enlaces’ quienes pidieron participar con dos acciones más, propuesta que recibimos con mucha sorpresa y alegría. Basta decir que uno de los ‘enlaces’ sorprendió y nos hizo estremecer al invitar a una persona del público a que moviera sus brazos para tocar la escultura, convirtiéndose de forma literal en un enlace físico entre el público y la escultura, toca con mi cuerpo que sí puede tocar la pieza. La última acción regresó a la tensión de “no poder tocar” y a la reflexión de la selfie y el sonido incidental a la exposición. Pero en ambas, se hizo evidente el papel de los ‘enlaces’ como mediadores de la experiencia artística que detona la pieza, así como su importancia dentro de la configuración museística y que con base en sus acciones se puede hacer la diferencia en este tipo de piezas de participación activa.

Como reflexiones finales creo que vale mencionar, que dentro de los procesos institucionales, la incidencia del individuo puede ser poca, sin embargo, mientras se exteriorizan las situaciones que requieren reformarse  y lleguen a las personas o instancias adecuadas, se pueden generar cambios,  como en este espacio de diálogo y reflexión crítica en el que mediante acciones que se generaron en esta ‘clase abierta’ se pudo plantear desde la impotencia y la restricción una discusión y un diálogo de ‘acciones críticas’ que activaron el cerebro colectivo para plantear soluciones desde lo permitido, a tales restricciones.  Y que en obras de arte contemporáneo donde los valores se han transformado y no concuerdan del todo con los conceptos de conservación y preservación de museos u otras instituciones. Vale la pena revisarlos de forma crítica y encontrar estrategias en las que se pueda restituir de la forma más integra tanto los valores formales como los  conceptuales de las piezas, ya que en gran manera, estos criterios afectan el discurso y la forma en las que el espectador las percibe.

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Un pensamiento en “Mi nombre es Baschet

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