EDGES Live Performance. No-crónica de una noche con Armstrong Liberado

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Por Lejana

El sonido, sospechamos algunos, es materia prima de la existencia. Esta afirmación se nos revela en imágenes que surgen de la expresión no sólo de la música-obra-de-arte sino de la vida cotidiana en tanto vibración inagotable. Todo en nosotros es sonido, lo mismo olfato, tacto, gusto e imaginación, todo se concentra y diluye, y es nuestro deber practicar su devolución. Si somos aprendices sonoros, si somos discípulos de la escucha, la labor será compartirla. Allí comienza el movimiento, el enigma de la acción colectiva cual recipiente de sustancias rituales, el desplazamiento Armstrongiano en su último performance el pasado 8 de junio durante su participación dentro del ciclo EDGES Live Performance en el CENART.

Escribo esta no-crónica atemporal como testimonio del flujo perene de los sonidos, como rescate mínimo de los instantes y como carta abierta a las sono-sophias con las que Armstrong Liberado nos invita a conocer los otros lados de la escucha. Escribo mientras vuelvo a masticar con los dedos el sonido de una hoja de papel, segundo acto del performance con que los Armstrongs nos llevaron al margen de uno de sus tantos procesos. Hago una pausa y procuro una respiración lenta y fuerte evocando la introducción de aquel suceso. Sonido humano envolviendo a nuestros compañeros de escucha, sonido mundo sucediendo sin fin. Aquí no existen públicos, viven cómplices de un escenario multidireccional que estalla pausado, claroscuro, poético, entre un centenar de manos.

Tímidos, nos atrevemos a hurgar la hoja que nos entrega Sísifo, GuapoDFde8Bits y Glitze. Doblar y desdoblar sin saber porqué. La hoja se transforma y muere, la hoja rota grita susurros tenues que inundan la sala. El sonido igual al momento exige ser vivido ¿lo vivimos?  Las estructuras del comportamiento nos retienen, los “límites” del arte se manifiestan. No obstante, el sonido deja ver su elasticidad, se propaga entre los cuerpos, se convierte en cuerpo. Al interior de este cuerpo late un salterio manipulado por Glitze, late un corazón sonoro cuya sangre va del amarillo al púrpura y brota en texturas transparentes.

 “Un sonido que se escucha con atención es algo muy parecido a un ser querido” anunciaron al comienzo. Ahora lo comprendemos, los ruidos son seres que emanan del cambio y del desplazamiento, los ruidos son jardines donde caminamos en intimidad casi siempre sin darnos cuenta.  ¿A qué suenan las semillas? ¿A qué suenan las piedras? ¿A qué suena un violín encima de un chelo? Rizomarx y GuapoDFde8Bits atienden a esta búsqueda en un dúo que se prolonga como suave sombra por nuestras emociones. Algunos encuentran temor y miedo. Otros, equilibrio y tranquilidad. ¿Qué son los sonidos sino plegarias dementes? ¿Qué son los sonidos sino rostros al viento?

En otro extremo de la sala vemos un puñado de sillas verdes, entre poliedros blancos y negros, cual tela de araña. Altaír de la séptima estrella está dispuesto a deshacerlo: el laberinto por recorrer comienza entre la gente que mira casi sin expectativas. Altaír sujeta la luz, una lámpara horizontal, y navega hacia el centro del cuerpo cuyo corazón ahora es un Djembé.  El sonido esculpe el cuerpo. La voz de Sísifo se degrada entre efectos y afectos capaces de comenzar nuevos trayectos. Neural Xólotl navega hacia una unidad de ruidos andróginos;  arrodillado frente a una tina nos mira absorto y vacío para inmediatamente comenzar a llenarlo todo de la existencia al desnudo, a tallar las palmas hasta chirriar, a recordarnos que la carne recuerda, que la carne no acalla mientras el agua se desborda y nos recita su canto tenue, inesperado.

El espacio, a su vez, está rodeado de la mirada Armstrongiana. Forastero amasa imágenes en las paredes y nos envuelve en una oscura retina donde se miran siluetas y se sienten imaginaciones. La sala también es un gran ojo que mira hacia dentro, una ventana subterránea. Entretener no, hay fines más sublimes: entretejer, entresentir y entreoir. No hay espectáculo, percibo un receptáculo de creatividades. Una indagación porosa poniendo en marcha la interlocución con el tiempo-espacio. Da igual que sean siete orquestadores o que seamos más de cien. Sin embargo Glitze, GuapoDFde8Bits, Rizomarx, Forastero, Altaír de la séptima estrella, Neural Xólotl y Sísifo nos convidan de sus puertas de la percepción y nos sitúan en una experiencia ontológica viajando entre burbujas.

Colocan nuevamente en nuestras manos un adminiculo creador de esferas, nos arrastran a ese otro jardín llamado infancia. La voz de una niña emana del fondo. En efecto: las articulaciones del sonido nos recuerdan que somos seres mutilados pero que también somos seres transitivos, tan absolutos como vacíos,  tan orgánicos como inanimados. La escucha es pues un don ambiguo, un don antiguo que aquella noche nuestros buenos compañeros de escucha, los liberadísimos Armstrongs, pregonaron en silencio pero a gritos. La comunión nos ha sido dada. ¡Larga vida a la escucha! ¡Larga vida a Armstrong Liberado!

 

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