Hacia una pedagogía musical touch

Por Julio Enrique Vargas López. Contacto: Jevl_psv@hotmail.com 
Texto III del Dossier La escucha etnográfica

Aplicación “Bebot Synth”. Imagen tomada de aquí.

La aparición de la tecnología touchscreen ha traído consigo grandes transformaciones en la vida de las sociedades a nivel mundial. Desde los teléfonos móviles, tablets, computadoras, videojuegos, hasta electrodomésticos; los dispositivos touch intentan facilitar y optimizan las tareas cotidianas de las personas.

La música, al ser un elemento fundamental e indispensable para el hombre, se ve atravesada también por estas tecnologías. Las formas de escuchar, reproducir, almacenar, compartir, componer, ejecutar, aprender, entre otras actividades relacionadas con el quehacer musical se han generado y transformado en dinámicas, que en mi opinión, necesitan ser estudiadas para conocer las implicaciones que tienen en las sociedades humanas.

Dado el alcancé que tienen estos dispositivos (abarcando a usuarios de todas las edades, géneros, culturas) puedo inferir el gran potencial que tendrían estos artefactos en la enseñanza musical. Es desde aquí que se genera mi inquietud por realizar un estudio multidisciplinar en el cual converjan la tecnología, la educación musical y la etnomusicología.

Mi inclinación hacia este campo musical, tiene como base mi labor docente en academias privadas del municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México. Es en estos lugares donde los alumnos expresan su interés por cubrir la necesidad de hacer música, ya que en las escuelas públicas hay un nulo interés institucional por impartir la experiencia y enseñanza de lo sonoro.

A partir de reflexiones en torno a la etnografía sonora, surge la siguiente actividad de carácter exploratorio, en la cual pedí a algunos de mis alumnos interactuar con un dispositivo táctil (iPad), ejecutándolo a modo de improvisación con diversas apps (iKaossilator y Bebot Synth). La intensión de esto era observar, pero sobre todo escuchar, su desenvolvimiento en estos instrumentos y conocer en qué elementos de sus saberes musicales ponían énfasis.

Como se puede apreciar en el video, la relación musical y corporal que cada uno tuvo hacia el instrumento fue muy variada. Los más jóvenes manifestaron su gusto por la diversidad tímbrica, mientras los de mayor edad se sentían limitados en cuanto a las posibilidades creativas tanto en la forma musical, como en la armonía que ofrecían estos dispositivos.

Más que una conclusión, se abren preguntas como: ¿Los recursos musicales (sonoros) de las apps delimitan y condicionan la creatividad de la persona? ¿Desde dónde entender y posicionarme sobre el concepto de creatividad? ¿Imponer un instrumento touch, es ya un acto de silenciar la elección del sujeto? ¿Podría ser el concepto “creatividad” una herramienta política de occidente para legitimar, privilegiar, o silenciar la voz de los sujetos?

Queda a futuro realizar una investigación a profundidad para intentar dilucidar estas interrogantes, en vías de generar una pedagogía que dialogue y haga escuchar las voces que han sido silenciadas por un sordo sistema educativo.

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