Hacia una antropología de la escucha

Prefacio del Dossier La escucha etnográfica
Por Jorge David García

Imagen tomada de aquí. Se invita a explorar el sitio de ethnographicterminalia.org

“Desde hace veinticinco siglos el saber occidental intenta ver el mundo. Todavía no ha comprendido que el mundo no se ve, se oye. No se lee, se escucha”.1 Esta frase de Attali es sintomática de una situación que desde hace varias décadas ha impactado las ciencias sociales: frente a la centralidad que la palabra y la vista han tenido como paradigmas cognitivos a lo largo de los últimos siglos, la escucha se devela como una alternativa a la manera en la que comprendemos y explicamos nuestro mundo.

En el terreno específico de la antropología, este giro ha provocado cuestionamientos de distinta índole. ¿Cómo aproximarse al estudio de la cultura desde una perspectiva que no se centre en la palabra (el logos) ni en el soporte documental de la imagen? ¿Qué otro tipo de documentos, de metodologías y de herramientas tiene el antropólogo a su disposición? ¿Cómo analizar de manera científica un objeto tan inasible como es el sonido, o un fenómeno social tan difícil de documentar como es la escucha? Este tipo de interrogantes son las que motivan el desarrollo de la llamada etnografía sonora.

Pero ¿qué es exactamente la etnografía sonora? ¿Existe acaso un marco teórico y/o metodológico claro, suficientemente sólido para decir que aquélla es una alternativa real a las formas de etnografía que pudieran considerarse convencionales?

Ciertamente, el término en cuestión ha sido objeto de diversas interpretaciones, no todas correspondientes al tipo de objetivos que un científico social pudiera tener en mente. Hay ocasiones, por ejemplo, en las que se utiliza la etiqueta de “etnografìa sonora” para nombrar espacios dedicados a la promoción de artistas sonoros; otras veces, se entiende dicho término como sinónimo de “paisaje sonoro”, de “documental sonoro”, o de otros similares que no necesariamente persiguen fines antropológicos. Estos usos diversos del concepto llevan a sospechar que no existen marcos sólidos que permitan delinear un proyecto etnográfico suficientemente riguroso, sistemático y verificable, para que pueda ser tomado con seriedad por los ámbitos de la ciencia.

Si bien no me interesa delinear separaciones tajantes entre el arte y la ciencia, ni mucho menos abrazar un hermetismo disciplinar que se niegue a flexibilizar sus estrategias metodológicas, sí quisiera plantear la necesidad de establecer una noción de etnografía sonora que sea útil a la tarea de escuchar lo que Attali denominara “la banda audible de las vibraciones y los signos que hacen a la sociedad”2. Dicho de otro modo, mi interés fundamental al escribir estas palabras es el de generar un espacio de re-flexión sobre el papel que el sonido y la escucha tienen en la cultura y la sociedad, más allá de que nos ubiquemos o no en un determinado campo disciplinar.

Finalmente, el interés de la ciencia y el arte no debería limitarse al desarrollo de sus propias estructuras internas, sino expandirse, e incluso enfocarse, en el impacto que tienen en su contexto social. Desde esta premisa, la etnografía sonora tendría que entenderse como una estrategia que utiliza el especialista (sea antropólogo, etnomusicólogo, sociólogo, etc.) para proveer a la sociedad de herramientas que le permitan escucharse a sí misma. Esto bajo la convicción de que la escucha es un medio eficaz no sólo para comprender, sino también para destrabar, algunos de los problemas que aquejan a nuestro mundo.

Como veremos en los artículos que se publicarán esta semana, la escucha es un proceso de construcción de identidades en conflicto. A través de la escucha se delimita lo otro, pero a través de la misma es posible “glitchear” las barreras que separan a las personas entre sí. Escuchando categorizamos nuestro mundo, pero escuchando podemos romper las categorías que nos ubican en un determinado lugar.

Es así que escucharemos, en los seis artículos que constituyen este dossier, distintas propuestas sobre lo que la etnografía sonora nos permite escuchar del ruidoso mundo que habitamos. Y para redondear esta publicación e invitar a los lectores a seguir explorando las ideas que en ésta se plantean, hacia el final de la semana (el domingo, para ser específicos) cerraremos con un epílogo que incluirá, entre otras cosas, una lista de proyectos fono-etnográficos y una bibliográfica básica sobre el tema.


1 Attali, Jacques. (1995). Ruidos: ensayo sobre la economía política de la música. México: Siglo XXI, p.11.

Ibid, p.12.

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