El Plagio Tópico

pena-nieto-reforma-energetica

El pasado 21 de agosto, tras una campaña que despertó la curiosidad de millones de personas dentro y fuera de México, el equipo de Aristegui Noticias dio a conocer un capítulo nuevo de nuestra vergonzosa élite política: el señor presidente, jefe máximo de las fuerzas armadas mexicanas y dirigente del poder ejecutivo, plagió al menos el 29% de la tesis con la que hace 25 años se tituló de la carrera de derecho.

No sorprende la noticia. Finalmente, nada más congruente para un personaje cuya gestión se ha visto marcada por el robo, la corrupción y el asesinato, que el haberse titulado con una investigación corruptamente elaborada. No sorprende tampoco la respuesta sometida de la Universidad Panamericana, incapaz desde sus “lechos” de reprender al “rey chiquito”, ni mucho menos la reacción, torpe pero esperada, del secretario de educación y demás trabajadores del gobierno.

Sorprende, sin embargo, la tibia reacción de aquellos académicos, investigadores, administradores del saber oficialista, que apenas hace un año condenaran con furor los escándalos plagiarios de Juan Pascual Gay y de Rodrigo Núñez Arancibia. De hecho, si algo sabe un estudiante de cualquier nivel educativo, y más enfáticamente cuando se trata de estudios profesionales y de tesis que sirven para obtener un grado académico, es que el plagio se castiga con la “muerte intelectual”: con la censura, la marca y la vergüenza, por no hablar de la obvia consecuencia de perder el título o diploma que a través de su “pecado” le fuera concedido. Siendo así, ¿por qué aceptar con tanta docilidad que el “señor ejecutivo” haya plagiado nada menos que (al menos) el 30% de su tesis de grado?; ¿porqué tomar con tanta tranquilidad un hecho tan reprobable en otros contextos, tan inmediatamente condenable cuando se trata de “peces” menos poderosos? He aquí un par de interrogantes que nos llevan a cuestionar el papel que en México le damos a la palabra, a la investigación, al pensamiento que rige nuestros actos, más allá de las rencillas de poder y del tibio sometimiento que mostramos hacia el “amo”.

conacyt

panamericana1

Ahora bien, aunque hayamos abierto este breve artículo con una introducción que implícitamente condena la conducta del presidente y de la “clase intelectual” que habita nuestros “bosques”, en un blog como el de Armstrong Liberado, que se dedica a promover las “bondades” de la cultura libre y a criticar las “perversidades” de la cultura privativa, cabe dislocar la situación para lanzar las siguientes preguntas: ¿por qué tachar de condenable un acto de “remezcla”, cuando dedicamos tantos esfuerzos a defender la “cultura recombinante”?; ¿qué tiene de terrible que un estudiante -incluso tratándose del presidente de la República- transgreda las reglas de un modelo educativo represivo, individualista y privativo, para copiar un par de cientos de parrafitos sin hacerle daño a nadie?; ¿cómo leer un acto como aquél desde una lógica copyleft que invita a utilizar, distribuir y modificar libremente los productos del saber humano?; ¿no sería, en todo caso, más condenable la respuesta reaccionaria con la que las “altas academias” castigan a “chivitos expiatorios” como Pascual Gay o Núñez Arancibia? ¡Vaya provocación! Ante tales cuestionamientos, huelga detenernos en algunas precisiones sobre lo que implica el “paradigma de cultura libre”, evitando confusiones que pudieran reivindicar (o por lo menos disculpar, matizar, desdibujar) las acciones de Peña.

Hace algunos días, publicamos en este sitio una traducción del Plagio Utópico del CAE. En este escrito, el ensamble crítico se propone “invertir el mito del plagio”, defendiendo que “la combinatoria ha sido siempre clave en el desarrollo de significados e invenciones”, que “el plagio satisface los requerimientos de una economía de la representación como la nuestra, sin sofocar por ello la invención”, y que “uno de los objetivos principales del plagiador es restablecer la dinámica e inestable deriva de la significación”. No obstante, habría que preguntarnos si el acto de plagiar una tesis lleva efectivamente a restablecer una dinámica de significación, y si corresponde en realidad con el modelo de “plagio utópico” que en dicho texto se propone. Muy por el contrario, veremos a continuación que existen ciertos plagios que lejos están de ser utópicos, y que en vez de contribuir a una cultura de circulación libre, son medidas de expropiación cultural que paralizan el flujo informativo.

Empezaremos por lanzar una afirmación que a simple vista podría parecer extraña: un trabajo académico “bien escrito”, a saber, uno que hace uso debido de un sistema de citación y en general de un aparato crítico, es en sí mismo un dispositivo recombinante. Dicho de otro modo, el oficio de la investigación implica de por sí un ejercicio de remezcla; en una tesis es común que las ideas de diversos autores se conjuguen de maneras inesperadas, mezclando tradiciones y superponiendo cronologías con el fin de producir conocimiento nuevo. De ahí que principios como la “originalidad”, la “autenticidad” o la “creación exnihilo”, sólo pueden entenderse como conceptos falaces, más dirigidos a intimidar al estudiante que a poder ser aplicados sin traicionar los objetivos de la ciencia. Pues la investigación científica no puede prescindir de la “promiscuidad intertextual” que pudiera remitirnos a las artes de la remezcla. Toda tesis, en principio, tiene algo de collage en el sentido de que recorta, ordena y pega una serie de referencias que se hilvanan entre sí.

intertextualidad-literaria

Partiendo de lo anterior, y de manera aparentemente paradójica, el acto de plagiar en una tesis de grado inhibe la potencia recombinante, pues oculta la riqueza intertextual aparentando una autoría unitaria. No nos permite, por lo tanto, deshilvanar el tejido cultural ni reapropiarnos de las fuentes que el tesista revisara. Si, en términos del CAE, el plagio utópico sirve para “navegar libremente a través de [los signos], escogiendo la interpretación que se adapte mejor a las condiciones sociales de una situación determinada” (cita tomada de la traducción antes enlazada), entonces es preciso que un escrito dado, cuando se nutre de referencias diversas, ponga a disposición de los lectores el código fuente de su investigación, permitiendo de ese modo que los diversos intextextos se mezclen y remezclen en futuras producciones.

¿Qué implica decir que el aparato crítico de una investigación es una especie de código fuente? Implica que el lector es capaz de comprender los distintos “algoritmos” que sostienen un discurso; implica, además, que es capaz de analizar, modificar, estudiar a detalle los elementos sencillos que se combinan en funciones complejas. De manera similar a lo que ocurre con el código informático, el código científico permite recrear y adaptar la información para fines específicos. Todo esto nos lleva a decir que un plagio como el de Peña es contrario a los principios éticos del copyleft, así como al sistema de producción que la cultura libre, el software libre y la llamada “cultura hacker” promueven y practican.

Para comprender mejor lo que acabamos de argumentar, es importante recordar que los diversos “gurúes” de la cultura libre, desde Stallman hasta Lessig y desde Torvalds hasta Assange, han sido antes que nada defensores incansables de la transparencia informativa. Más aún, ellos y otros han insistido en que el futuro sólo puede ser sostenible, tanto en términos económicos como sociales, artísticos y políticos, si rechazamos la lógica expropiacionista para sustituirla por un modelo de libre compartición, uno en el que las palabras, las ideas y los textos fluyan libremente, sin que esto impida que podamos reconstruir el trazo de sus remezclas. Un ejemplo paradigmático de esto es Wikipedia, donde a pesar de que millones de personas pueden editar y recombinar sus pensamientos, existe un historial cuidadosamente detallado que permite recuperar las fuentes de cada edición. No es fortuito, ni mucho menos contradictorio, que la Wikipedia prohíba el plagio y lo condene con la censura (un artículo plagiado no puede ser publicado en esta enciclopedia); solamente a través de transparencia y honestidad es posible generar el ambiente de confianza que sostiene a un proyecto como aquél.

indiatv92790e_wiki

¿A dónde queremos llegar con todo esto? A afirmar que las acciones de Peña Nieto, de todo el sistema político que él representa, y por cierto también las de académicos, periodistas, y en general de la gente que minimiza el plagio del mandatario, son sintomáticas de una crisis cultural que se despliega en múltiples direcciones:

  1. Por un lado, en la dirección de una crisis epistemológica que se caracteriza por concebir el conocimiento como un agente social pasivo, inofensivo e intrascendente. ¿Qué tiene de malo que el presidente haya sido incapaz de escribir su propia tesis de grado, si finalmente no hace falta pensar para dirigir un Estado como el nuestro? (favor de leer lo anterior en términos de cinismo).
  2. Por otra parte, en la dirección de una crisis de honestidad en la que la mentira y la corrupción se encuentran profundamente corporeizadas. No nos sorprende que nuestro representante sea deshonesto, pues a fin de cuentas todos lo somos. Más de alguno se habrá regocijado pensando que las acciones del presidente solapan sus propios plagios.
  3. En tercer lugar, la crisis cultural de la que estamos hablando se despliega en dirección de una aguda incomprensión sobre las implicaciones sociales que tiene la información en nuestros días. Incluso muchos de los académicos más comprometidos con las luchas de izquierda, incluso muchos de los más enciclopédicos sabiondos, siguen sin comprender que el siglo XXI ha llegado; hay aún, y todavía son mayoría, quienes subestiman las advertencias que sociólogos como Castells vienen haciendo desde hace décadas: en una era de información, la información es crucial para timonear el barco humano… información genética, información computacional, y por supuesto también información periodística como la que Aristegui protagoniza en este caso.

Quien plagia una tesis plagia una presidencia, y dirige una sociedad plagiaria. Nada de incongruencia. Pero no se diga que lo anterior es un acto inofensivo que se diluye entre tantas tragedias, pues eso es ignorar que las tragedias humanas son causa y consecuencia del pensamiento de nuestra especie. Hace siglos, hay quienes creyeron que las ideas transformaban el mundo, y a lo largo del siglo XX fuimos testigos, a veces con júbilo y muchas otras con terror, de la verdad de tales creencias. Hoy parece que muchas personas han dejado de tener tales convicciones, justo en el momento donde es más evidente que nuestra imaginación y nuestra vida material se encuentran profundamente interconectadas. Un presidente sin imaginación, sin potencia creativa y sin honestidad discursiva, difícilmente podría ser más de lo que es nuestro triste “dirigente”. Seguimos sin tocar incongruencia.

A manera de postdata, cabe recalcar que el plagio utópico en poco se parece al plagio habitual que los actos presidenciales representan, y que los principios de la cultura y el software libres en nada reivindican una acción como aquella. El plagio de una tesis -o el plagio en una tesis, que para nuestros fines analíticos es lo mismo- tiene más que ver con los robos históricos que empresas como Microsoft y Apple ostentan: la expropiación de las ideas de una sociedad para alimentar al monstruo monopólico, neoliberal y un tanto cómico que gobierna nuestros sucios aparadores.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s