La jirafa en llamas o mamá ¿por qué quiero ser creativo y socialmente responsable?

Queridos todos.

Al escuchar a algunos de los distintos colectivos de música experimental que existen en la Ciudad de México, siempre he pensado que en su sonido (música) existe un fuerte olor a la música experimental de la década de los sesentas. Esto no es necesariamente malo, los sesentas fueron una década en la cual se generaron muchos parte aguas y paradigmas socioculturales, fue una época de grandes cambios en todos los aspectos de la vida del hombre, por supuesto las artes y específicamente la música, ya sea popular o “culta” no fueron la excepción. Quizá el legado de los sesentas no se ha superado, lo bueno y lo malo, la preocupación y el interés social, pero igualmente el deseo de ser vanguardistas con cualquier cosa que impacte, ya sea a nuestros ojos o nuestros oídos y además, al igual que en los sesentas, nos enfrentamos a nuevos medios de comunicación (la televisión y las redes sociales respectivamente), guerras que se prolongan (la guerra fría y las guerras en medio oriente respectivamente) y conflictos que sacan a las calles a varios sectores de la población. Estos y muchos otros aspectos son los que quizá le dan a nuestro tiempo ese sabor a los sesentas. En esta segunda década del siglo XXI los colectivos encargados de hacer arte están por todas partes. ¿Por qué los artistas, generalmente provenientes de la academia tradicional, seguimos con la necesidad impetuosa de aglutinar nuestras almas, quizá desorientadas, en eso que llamamos colectivos, justo como en los sesentas? ¿Es el eterno retorno del arte? Este síndrome no es de nuestra época ni tampoco es una idea sesentrea, consciente o inconscientemente los artistas de los sesentas estaban siguiendo el mismo camino que habían comenzado los estridentistas en los alocados años veinte , es decir, aglutinarse en grupos interdisciplinarios. El eterno retorno. La música o la sonoridad estridentista estaba muy ligada a la estética del futurismo, según deja ver Maples Arce (quien lanzó el manifiesto estridentista) en un artículo titulado Jazz=XY. En las reuniones de este grupo había literatura, artes plásticas y música. Los jóvenes artistas de este tiempo tenían entonces la necesidad de destruir a los dioses estéticos impuestos por el tradicionalismo, querían revolución artística y al igual que la revolución armada, querían que su revolución llegara a todos los rincones del país. Amaban la tecnología de su tiempo, quizá porque podría ayudarles a conseguir este propósito. Quizá por eso deberían estar juntos. Su movimiento no solamente era sobre estética, su movimiento era social, querían descentralizar la cultura, llevar la idiosincrasia del pequeño poblado a la gran ciudad y viceversa, eran folcloristas y querían ser universales, por eso deberían estar juntos. El eterno retorno. Curiosamente, Arce tenía el apoyo del gobierno de Veracruz y fue nombrado secretario de gobierno, su movimiento tendría una sede y la llamaron Estridentópolis. Esto hizo que el estado de Veracruz estuviera al nivel cultural de la Ciudad de México, un pequeño paso hacia la universalidad. Desafortunadamente el gobierno convirtió el folclor artístico y social en el nacionalismo creado para justificar su existencia desde un punto de vista histórico. Quizá no haya peor cosa que un nacionalismo impuesto por un gobierno que traicionó el sacrificio de todo un pueblo. El arte al igual que todo lo demás se fraccionó en instituciones monolíticas. Desafortunadamente ese nacionalismo paga y te da de comer, además de hacerte famoso, por supuesto hubo algunos artistas que quizá intentaron sacudirse ese síndrome del nacionalismo postrevolucionario, como por ejemplo David Alfaro Siqueiros. Ahora bien, la década de los sesentas tiene muchas aristas políticas y sociales, por supuesto artísticas. Por un lado creo que están los artistas que querían romper con la academia, justo como en los veintes y por el otro los artistas que querían romper con el estatus quo social, o por lo menos, el arte fue su trinchera social. El eterno retorno. En el primer grupo, una de las cosas que hicieron los artistas fue prestar atención a temas cotidianos o fenómenos cotidianos, es decir, realmente cotidianos, que están siempre ahí y no se les pone mucha atención. ¿Por qué hacer hincapié en esto?. La guerra, el hambre, la desigualdad social, etc. siempre han sido temas cotidianos y en los sesentas estaban bastante presentes. Pero al parecer ningún artista de ruptura de esta década que fuese proveniente de la academia se intereso en desarrollar en sus obras estos temas, prefirieron la reproducción de la cultura popular y claro, lo cotidiano, lo cotidiano que podía tener un impacto visual. El segundo grupo sí se preocupo por estos temas sociales, pero quizá académicamente son los menos recordados, ya sean pintores, escultores o músicos, generalmente no suelen figurar en las historias del arte del siglo XX, cuando quizá fueron los más numerosos. Los artistas de ruptura, una vez más se aglutinan en grupos, como por ejemplo la factoría de Warhol (los más famosos) en Nueva York. Pero existieron grupos de ruptura (porque se comprometieron con los movimientos sociales de su época) como la formación del Taller Popular en Francia, que se dedico a hacer volantes durante los acontecimientos del Mayo Frances, es decir, la gráfica de protesta social. Igualmente en Estados Unidos grupos de carácter político y social se expresaron a partir de la creación de carteles que expresaban la realidad de su tiempo (y probablemente sigue siendo la misma) como los Black Panthers . Todo esto es arte en cuanto que es una representación de la naturaleza, la naturaleza humana. En México, se tuvo una experiencia similar a través del movimiento estudiantil del 68. Aquí los artistas que se encargaron de expresar gráficamente los acontecimientos de ese proceso, no se aglutinaron en grupos o colectivos como tales, más bien lo hicieron desde la academia, como la Escuela Nacional de Artes Plásticas o la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, ósea La Esmeralda. Hasta la década de los setentas es cuando la idea de los grupos y colectivos es retomada en México, pero en la mayoría de los casos la repercusión o preocupación por aspectos políticos y sociales son fortuitos, simplemente se da porque salen de la academia (donde se crearon) a la calle simplemente para mostrar su arte. En muy pocos casos estos colectivos se interesaban por revindicar algún aspecto social, dentro de estos pocos casos esta el colectivo Tepito Arte Acá. Musicalmente hablando los artistas provenientes de la academia se aglutinan ante figuras importantes como Shaffer y Cage, defienden el arte por el arte, es decir, el sonido por el sonido. Particularmente en México, y a finales de los sesentas y principios de los setentas surge uno de los colectivos o grupos de música más importantes del país en esa época, el grupo Quanta, conformado por Mario Lavista, Nicolás Echeverría, Juan Cuauhtémoc y Fernando Baena. Más que un colectivo era un grupo de improvisación. Sin embargo es importante mencionarlo ya que al igual que otros grupos artísticos, Quanta se acerco a la calle o al menos salieron de la academia a presentarse a otros recintos artísticos y tomaron el espacio publico como espacio de expresión artística. Toda esta pequeña reflexión puede ayudar un poco a responder a la pregunta que he planteado en un principio, el por que aglutinarnos en colectivos. Creo que los colectivos han surgido cuando son necesarios, cuando las circunstancias así lo requieren. Las sociedades o comunidades actúan como tales justo cuando encuentran que tienen algo en común, principalmente una necesidad que la puede destruir. Si los artistas pertenecen a estas comunidades como no asociarse para que desde su actividad luchar por cubrir esa necesidad de la comunidad. Los colectivos de arte son entonces endémicos de las sociedades, las sociedades quizá en decadencia. En general los artistas que se aglutinan viven en una economía un tanto austera, buscan la colectividad para que los costos de producción se reduzcan y puedan llevar su producto a la sociedad y esta lo pueda recibir fácilmente. Entonces el mensaje tiene que ser directo. Creo que en la actualidad los colectivos están tomando estas directrices. En México hay grandes necesidades que tienen que ser eliminadas, en estas necesidades caben las políticas y las sociales e incluso las académicas, porque ciertamente nuestras academias están en decadencia, no solamente las artísticas. Por eso los colectivos actuales intercambian sus conocimientos a partir de talleres o de tutoriales en redes. El año 2006 quizá fue el 68 de nuestra generación, el eterno retorno. En Oaxaca, durante las movilizaciones para quitar al gobernador Ulises Ruiz, los artistas gráficos tuvieron la necesidad de expresar de manera directa su realidad. Esta vez, debido a la necesidad de protegerse de la dura represión, estos artistas se tuvieron que aglutinar en verdaderos colectivos para protegerse, cuando realizaban su trabajo. No buscaban crear un lenguaje nuevo o imponer una estética en particular, sino una forma de llegar directamente a la sociedad y que su mensaje de protesta sea claro. Ahora, justamente estamos a una década de esos hechos y justamente en Oaxaca la movilización social está llegando a otro clímax. Los colectivos de arte en el país han aprendido a autogestionarse, a ser autosustentables y en está búsqueda se han acercado a la sociedad de distintas formas. Varios colectivos de música igualmente se han unido a este compromiso social o tratan de hacerlo; quizá la diferencia importante entre los colectivos musicales y los colectivos de artes visuales es que mantienen o tratan de buscar un lenguaje propio en sus creaciones artísticas y no las interponen a la necesidad de que el mensaje sea claro para la sociedad. Esto puede dificultar ese compromiso social. Creo que aun no esta claro que es lo que un colectivo de música pueda aportar a la sociedad, alguien podría pensar que no tiene porque aportar algo, eso es valido. Pero si es posible vislumbrar algo al respecto, posiblemente los colectivos de música, podamos contribuir a la propagación del conocimiento, no directamente con la música que generemos, pero sí a partir de generar talleres con temas como la autogestión, el uso y la creación de herramientas de software libre para que sean utilizadas en sus propios proyectos. Estos conocimientos luego pueden difundirse en diversos puntos e incluso a nivel mundial. Así el conocimiento se expande e igualmente es la puerta para generar cuestionamientos y después nuevo conocimiento.  Esto no ha sido más que un pequeño panorama del porque un colectivo artístico existe y debe existir. Sin más por el momento me despido.

Siempre suyo guapodfde8bits.

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